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Sí hay otros caminos (II)

Sí hay otros caminos (II)

Por: Alberto Bejarano Ávila


El ilógico orden regional es fiel copia de lo dicho en la primera parte sobre el país, pues igual, en la región es válida la noción de departamento abstracto e inmaterial, que puede ocuparse en alcanzar simetría y orden territorial, pero que, al revés, fraguó y fragua una inadmisible asimetría macro cefálica que destaca al ver cómo, en el Ibagué urbano, digamos en 150 km2, habita más del 50% de la población de una región de 24 mil km2.

El departamento es apenas la suma de 47 municipios ricos con gente pobre, pero las fuerzas vitales de los municipios, también como ocurre en el país, no fluyen hacia el centro porque hibernan, pero si reciben del centro retrógrada catequesis económica, política y cultural y de ahí el círculo vicioso. En próximos artículos diremos del Tolima orgánico, el liderazgo orgánico y más asuntos afines.

Como en la razón y el poder gravita la sociedad, ahora abordemos la política de la razón o la “polis”, con la cual Aristóteles, aduciendo que “el hombre es un animal político”, señalara la naturaleza de la vida en comunidad y también la política del poder o el relativismo moral de Maquiavelo. En sentido llano digamos que política es dialogar, debatir, acordar y organizarse para buscar el bien común o el progreso de sociedades especificas en territorios específicos y antipolítica (politiquería en nuestro argot) es abusar de la incultura política y el poder para saciar egos y codicias.

Solo con razones y cohesión social, el poder sería expresión de política genuina y capaz de restaurar al Tolima, hoy atrasado por causa del imperio de los sofismas, el “divide y reinaras”, la ideofobia, la cuentería y la aletargante práctica del “pan y circo”.

Política y progreso no es simple argumento electoral, incumbe a todos los actores sociales, culturales, económicos, políticos, pero los últimos no siempre, sólo son recursos para cumplir acuerdos y por ello, quien, como “cusumbo solo” y sin saber cómo hacerlo, se arroga la tarea del cambio, cae en el politiqueo mesiánico y codicioso y acaba siendo coautor de decadencia y atraso.

Los caminos al progreso son muchos y, obvio, convergen hacia ese fin común, tesis que asume mi libro “Manual Para Reedificar al Tolima”, usando como metáfora didáctica “el camino de Santiago” (son varios caminos) y el aforismo de que “todos los caminos conducen a Roma”. Permítanme un consejo no pedido: todo tolimense, solidario, amante de su tierra, hastiado del politiqueo y presto a la política auténtica, podría sumarse a un quiebre histórico para reconstruir al Tolima, tantas veces engañado, martirizado y saqueado.

No más odios y rencillas por causas nacionales, sanas o insanas. Respetando la visión política de cada quien ante el país y obrando con fraternidad raizal, construyamos la unidad regional, no “quememos” más generaciones de tolimenses y avivemos las fuerzas vitales del Tolima, que reposan en 47 columnas, para que fluyan hacia arriba.

Es hora de apostatar de partidos insulsos, de avales espurios y personajes ignaros o ideofóbicos. Es hora de fundar un partido o colectivo político tolimensista que libere nuestra identidad histórica y política y nos aúne para construir juntos el progreso que nunca generación alguna quiso y se atrevió construir.

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