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¿Por qué viajar por un examen que se puede hacer aquí?

¿Por qué viajar por un examen que se puede hacer aquí?

Por Óscar Viña Pardo
A principios de este año me ordenaron una flujometría. Al consultar con mi EPS, me indicaron que debía realizarme el examen en una IPS de Neiva y que la cita estaría disponible en unos 45 a 60 días. Aunque me informaron que cubrirían el transporte en bus desde Ibagué, la remisión me pareció difícil de entender: ¿era necesario viajar a otra ciudad para acceder a ese servicio?

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Antes de aceptar el desplazamiento, averigüé en Ibagué. Encontré varios urólogos que realizaban el examen de manera particular. Al comparar su precio con lo que implicaba viajar, la cuenta perdió sentido para mí. No se trataba únicamente del pasaje: también debía considerar la alimentación, los desplazamientos dentro de Neiva, las horas de carretera y el tiempo de espera para la atención. Como decimos coloquialmente, salía más caro el caldo que los huevos.
Mi experiencia plantea una pregunta que merece respuesta: si en la ciudad existen profesionales y servicios disponibles, ¿qué justifica remitir al paciente a otro municipio? Puede haber razones médicas, de capacidad o de disponibilidad que hagan necesario un traslado. Pero cuando el examen se ofrece localmente, el usuario debería recibir una explicación clara sobre por qué debe buscarlo a kilómetros de su casa.

Desconozco las condiciones del convenio de mi EPS y no puedo afirmar que la decisión obedeciera exclusivamente al precio. Precisamente por eso hace falta transparencia. Una tarifa aparentemente favorable no demuestra, por sí sola, que la atención resulte más económica. Para conocer su costo real habría que sumar el transporte y los demás gastos asociados, además de reconocer el tiempo que aporta el paciente.
Ese tiempo no es gratuito. Para un trabajador independiente puede representar un día sin ingresos; para una persona mayor, una jornada agotadora; para quien necesita acompañamiento, el desplazamiento de dos personas. También están quienes deben conseguir a alguien que cuide a sus hijos, pedir permiso en el trabajo o reorganizar las responsabilidades del hogar. Todo eso pesa, aunque no aparezca en la factura del examen.
Que la EPS cubra el pasaje resuelve una parte del problema, pero no elimina las dificultades del viaje. Tampoco debería convertirse en una explicación suficiente para mantener desplazamientos que podrían evitarse. La pregunta sigue siendo la misma: ¿se evaluó una alternativa de atención en la ciudad del paciente?
Sería injusto que la posibilidad de atenderse cerca de casa dependiera de tener dinero para pagar de manera particular. Yo pude averiguar y comparar. Otros usuarios quizá no tengan esa opción y deban aceptar la remisión, aplazar el procedimiento o enfrentarse a una espera que termina desanimándolos. Un examen autorizado puede seguir siendo difícil de alcanzar.
El problema resulta todavía más evidente cuando se trata de tratamientos que requieren varias sesiones. La duración del procedimiento no refleja el esfuerzo necesario para recibirlo: una atención breve puede exigir una jornada completa fuera de casa. Por eso, organizar una red de servicios debería implicar también mirar el territorio, las distancias y las condiciones de vida de quienes la necesitan. Un ejemplo vivo de esto, es pasar un minuto en la máquina de fototerapia. ¿Vale la pena viajar hasta 5 horas por un minuto dos veces a la semana?
El Ministerio de Salud y Protección Social y la Superintendencia Nacional de Salud deberían examinar estas situaciones. Sería valioso conocer cómo se justifican las remisiones fuera del municipio cuando existe oferta local, qué costos se tienen en cuenta y cómo se evalúan las consecuencias para los usuarios. Las EPS, por su parte, deberían explicar esas decisiones y revisar las alternativas que permitan acercar la atención.
Los pacientes podemos comprender que algunos servicios exijan viajar. Lo difícil es aceptar un recorrido sin una razón clara, mientras el mismo examen está disponible cerca de casa. La paciencia del usuario no puede convertirse en un recurso ilimitado del sistema. Detrás de cada remisión hay una persona cuya salud necesita atención y cuyo tiempo también merece respeto.

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