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Opinión

Hambre para el Tolima y Colombia, y oro para Trump

Hambre para el Tolima y Colombia, y oro para Trump

Por Johan Granados


Parece que uno de los primeros milagros de la “patria milagro” del gobierno entrante será convertir la comida en oro y en oro negro con destino a los Estados Unidos. En esta columna explico que son las APPA y porqué la idea de acabarlas no solo es antitécnica e insensata sino sumamente peligrosa.

Las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos -APPA- son una estrategia por la cual el gobierno de Gustavo Petro ha protegido los suelos más fértiles de Colombia y ha brindado herramientas de ordenamiento territorial con el objetivo de priorizar la producción de alimentos. Es como decir: “en estos lugares se da mejor la producción de comida, evitemos hacer otras actividades para no destruirlas”.

La idea es sencilla pero poderosa. Desarrolla los artículos 64 y 65 de la Constitución y múltiples instrumentos internacionales y jurisprudenciales internos que establecen que la alimentación es un derecho fundamental.

Esta idea adquiere aún más fuerza ante la amenaza de los cambios medioambientales que se aproximan. El fenómeno del ‘super niño’ que toda la evidencia científica respalda como de altísima probabilidad de ocurrencia, puede generar una crisis en la producción de alimentos en Colombia. Esto nos llevaría a la triste situación de importar comida; en el país ya se importa el 30% de la misma.

Así que la medida no solo es un asunto de derechos humanos, sino de supervivencia. Es un asunto de soberanía y seguridad alimentaria. Y de protección ante las incertidumbres del cambio climático.

Siendo así uno se preguntaría ¿quién podría estar en desacuerdo con que protejamos los suelos fértiles para producir comida? Pues Abelardo de la Espriella.

Bajo la excusa de que esta protección afecta la autonomía territorial, el presidente electo ha recibido de algunos alcaldes esta propuesta, buscando su eliminación. ¿Con qué objetivo? La respuesta solo puede entenderse desde una perspectiva geopolítica.

Si no es para comida, las tierras de los pueblos latinoamericanos buscan no solo satisfacer los intereses al negocio de especulación inmobiliaria (en los cuales muchos alcaldes están involucrados), sino abrir la puerta a la explotación de minerales y de hidrocarburos. Quieren hacer “fracking a lo que dé” para suplir el apetito de Estados Unidos en sus guerras imperialistas, a costa del hambre de los colombianos y los tolimenses.

Me pregunto qué dirán los tolimenses sobre esta absurda idea, especialmente los habitantes de Fresno, Herveo, Casabianca, Palocabildo, Villahermosa, Murillo, Líbano y Falan que habían sido priorizados para ser beneficiados de ser APPA. ¿Prefieren que sus tierras produzcan comidita para la gente o petróleo y oro para Trump?

¿Será que es hora de despertar antes de que nos muerda el tigre?

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