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Opinión

El bolsillo no tiene ideología

El bolsillo no tiene ideología

Por Carlos Pardo Viña
*Escritor


El modelo que propone Abelardo de la Espriella en su plan de gobierno para la segunda vuelta, los recién publicados 10 pilares, y respaldada por sus asesores económicos, plantea una explotación minero-energética agresiva, priorizando la caja fiscal inmediata.

 

 

Todos los informes técnicos coinciden en que los campos petroleros en el país son maduros. Ya pasaron su pico de producción y están en una etapa de declive natural. Extraer el crudo que queda allí es cada vez más difícil, costoso y ambientalmente destructivo porque requiere inyectar enormes cantidades de agua y energía. El modelo de De la Espriella, con fracking incluido, presenta un problema que, en aras de la plata, todos quieren ignorar.

 

A diferencia de los planos desiertos de Texas, donde se han desarrollados procesos de fracking con bajo riesgo, las zonas potenciales para ese proceso en Colombia, como el Magdalena Medio, tal como lo afirma el candidato, están densamente conectadas con complejos de humedales, ciénagas y acuíferos subterráneos. Buena parte del país tiene esa estructura. El riesgo de la contaminación de las fuentes hídricas con los químicos de alta presión y el alto consumo de agua que requiere, representan una amenaza directa para la seguridad hídrica de las regiones.

 

Para reactivar la economía a través del subsuelo, su campaña propone acelerar los trámites e implementar licencias ambientales express, además de intervenir legislativamente en las consultas previas a las comunidades. Aquí, otro riesgo institucional: debilitar el rigor de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales para agilizar contratos, suele traducirse a mediano plazo en pasivos ambientales históricos (derrames, deforestación, pérdida de biodiversidad). El costo de ese dinero rápido lo pagarán las regiones y el Estado, no las multinacionales.

 

Concentrar la economía del país nuevamente en combustibles fósiles, es una apuesta que puede dejar al país con infraestructura obsoleta y tierras degradadas para la próxima década: los mercados globales se están moviendo hacia la descarbonización. No es el abandono total de esos combustibles. Es claro que debe haber una transición progresiva y pensada en las regiones productoras. Pero esa transición debe empezar ahora porque corremos el riesgo de quedar por fuera del futuro económico y energético.

El histórico sindicato de Ecopetrol, la Unión Sindical Obrera, anunció su apoyo a De la Espriella. Para un sindicato alineado con ideologías de izquierda, parecería raro. Sin embargo, el discurso de transición energética es visto por ellos como una amenaza directa a su estabilidad laboral, sus primas y altísimos privilegios convencionales. La promesa del candidato de “explotación a lo que dé”, les ayuda a seguir llenando sus bolsillos, pero la crisis ambiental nos volverá a una realidad muy pronto, sin que hayamos desarrollado políticas de energías limpias. Olvidaron rápidamente los principios de izquierda que le dio esos privilegios, negando los derechos ambientales del país.

 

La propuesta de reactivación económica, basada en los modelos de Milei en Argentina, como lo ha dicho el candidato, también presenta problemas. De acuerdo con el OCDE, durante el gobierno Milei y gracias a sus políticas, la inversión extranjera cayó cerca del 80%. Hoy, Argentina ocupa el último lugar en atracción de inversión extranjera. Colombia es el cuarto país.

 

Parece un contrasentido: ¿por qué Milei que es ultra promercado y empresarial, no atrae la inversión? La respuesta es más simple de lo que parece. Las grandes empresas no invierten sólo por simpatía ideológica o promesas de menos impuestos. Invierten donde hay estabilidad jurídica, mercado interno fuerte y reglas claras a largo plazo. La caída de consumo interno y la incertidumbre, siempre los hacen esperar antes de hundir dinero real en el país. El estilo autoritario y sorpresivo de De la Espriella puede hacerlos temer. El gran capital extranjero es cobarde por naturaleza: el pragmatismo económico sobre la moral.

 

Los votantes de De la Espriella creen que su economía personal mejorará. La idea de la seguridad es atractiva y, por supuesto, necesaria, aunque no creen que sea un buen candidato, ni alguien que los represente. Los medios (en manos de las clases más altas: entre más de diez mil medios, un estudio que realizamos con Fabiola León Posada indica que cerca de la mitad de la pauta del país se queda en cinco grandes empresas), han contribuido a crear la narrativa de que Petro jodió al país. Quizá, en algunos temas, haya sido cierto. Sin embargo, hoy pareciera que los “ricos” y “empresarios” prefieren arriesgar a elegir en contra de algo y no en favor de algo, sin medir lo que sucederá en el futuro: el bolsillo no tiene ideología.

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