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Sismo reabre el debate sobre la construcción sismorresistente en Ibagué
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El fuerte terremoto que sacudió el occidente del país volvió a poner sobre la mesa una pregunta recurrente entre ingenieros, autoridades y ciudadanos: ¿están realmente preparadas las ciudades colombianas para enfrentar un sismo de gran magnitud?
En el caso de Ibagué, el debate coincide con un momento de expansión del sector de la construcción, impulsado por nuevos proyectos residenciales, comerciales e institucionales que, en su mayoría, deben cumplir con los requisitos del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10).
Aunque en el lenguaje cotidiano suele hablarse de edificaciones “antisísmicas”, el término correcto es sismorresistentes. La diferencia es importante: estas estructuras no están diseñadas para ser inmunes a los terremotos, sino para evitar el colapso y proteger la vida de sus ocupantes.
La legislación colombiana, encabezada por la Ley 400 de 1997 y desarrollada técnicamente por la NSR-10, obliga a que las construcciones nuevas cuenten con diseños estructurales elaborados por ingenieros calificados, estudios de suelos y especificaciones rigurosas para materiales como concreto y acero.
En Ibagué, los proyectos recientes deben ajustarse además a criterios relacionados con las condiciones geológicas locales, debido a la influencia de fallas tectónicas y a las características del suelo en distintos sectores de la ciudad.
Uno de los aspectos que más llamó la atención tras el terremoto fue el comportamiento de Armenia, una ciudad que, pese a encontrarse más cerca de la zona donde se originó el evento, registró un desempeño estructural relativamente favorable en buena parte de sus edificaciones modernas.
Especialistas explican que esto no significa que la cercanía al epicentro sea irrelevante, sino que la calidad de la ingeniería, el tipo de suelo y el proceso de reconstrucción posterior al terremoto de 1999 han fortalecido el comportamiento sísmico de gran parte de la infraestructura de la capital quindiana.
Tras la tragedia de 1999, Armenia fue reconstruida bajo criterios mucho más exigentes de diseño estructural, lo que elevó significativamente el estándar de sus edificaciones.
En contraste, ciudades como Ibagué combinan una realidad dual: por un lado, un creciente número de proyectos construidos bajo normas sismorresistentes; y por otro, un importante inventario de viviendas antiguas e informales que no necesariamente cumplen con los estándares actuales.
Ingenieros consultados coinciden en que la distancia al epicentro no es el único factor que determina el nivel de daño de una ciudad. La profundidad del sismo, la amplificación de las ondas en suelos blandos, el estado de las edificaciones y el cumplimiento de las normas de construcción son variables determinantes.
Por eso, el reciente terremoto dejó una enseñanza clara para el país: invertir en construcción sismorresistente, supervisión técnica y reforzamiento estructural sigue siendo una de las herramientas más efectivas para reducir el riesgo y proteger vidas humanas.
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