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¿Para cuándo la escultura de James Rodríguez en Ibagué?

¿Para cuándo la escultura de James Rodríguez en Ibagué?

Imagen realizada con ayuda de Inteligencia Artificial.

Por Oscar Viña Pardo


El documental El Último Baile de James Rodríguez deja claro desde su primer capítulo el profundo vínculo emocional que el capitán de la Selección Colombia mantiene con Ibagué, la ciudad donde pasó gran parte de su infancia y donde comenzó a construir el sueño que años después lo convertiría en una de las máximas figuras del fútbol colombiano. A lo largo de la producción, el volante vuelve una y otra vez a sus recuerdos en la capital musical, evocando escenarios, afectos y aprendizajes que marcaron su vida.

Las hazañas deportivas del número 10 de Colombia ya lo instalaron en el podio de los mejores futbolistas de nuestra historia. Goleador del Mundial de Brasil 2014, autor del mejor gol de ese campeonato según la FIFA, mejor jugador de la Copa América 2024 y referente internacional en clubes de Europa y América, James Rodríguez construyó una carrera que trasciende generaciones y fronteras.

Pero más allá de los títulos y estadísticas, James representa para Ibagué un símbolo de identidad y orgullo colectivo. No existe rincón del planeta donde no se mencione su nombre cuando se habla del fútbol colombiano. Sus triunfos emocionaron a millones y sus momentos difíciles también dejaron lecciones sobre disciplina, resiliencia y presión mediática en el deporte de alto rendimiento.

Por eso surge una pregunta legítima:  ¿no ha llegado el momento de que Ibagué le rinda un homenaje permanente? Así como otras ciudades del país exaltan a sus ídolos deportivos con esculturas, museos o espacios simbólicos, la capital del Tolima tiene una deuda histórica con uno de los deportistas más importantes que ha dado Colombia.

Alcaldesa, hace pocos días la ciudad rindió homenaje a la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, cuya presencia ayudó a proyectar a Ibagué en escenarios culturales y mediáticos. Pero usted podría pasar a la historia como la mandataria que decidió inmortalizar en espacio público a un futbolista que durante años ha llevado el nombre de esta ciudad en el corazón y en sus palabras.

Y no se trata únicamente del reconocimiento emocional. Desde el punto de vista económico, las inversiones realizadas por James Rodríguez en Ibagué superan desde hace tiempo los cinco millones de dólares, generando empleo, dinamizando sectores empresariales y enviando un mensaje de confianza sobre el potencial de la ciudad.

Una escultura no sería simplemente un homenaje deportivo. Representaría la posibilidad de inspirar a miles de niños y jóvenes que hoy ven en James el ejemplo de alguien que rompió récords, conquistó escenarios imposibles y se convirtió en referente de figuras actuales como Luis Díaz, quien ha reconocido públicamente la admiración que siente por el volante zurdo, al que considera “un rey” dentro del fútbol colombiano.

El lugar ideal para esa obra podría ser el estadio Manuel Murillo Toro, el Coloso de la 37, escenario donde nació buena parte de la ilusión futbolera de la ciudad. Allí también podría construirse una galería fotográfica o un pequeño museo interactivo que relate la historia del niño que levantó el trofeo de la Ponyfútbol y terminó convertido en una leyenda del deporte nacional.

Porque los pueblos que honran a sus ídolos también construyen memoria, identidad y esperanza para las nuevas generaciones. Alcaldesa, está en sus manos.

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