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Las 7 vidas del gato: Germán Vargas Lleras
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, investigador, docente
Colombia ha sido tierra fértil para caudillos políticos y militares a lo largo de una vida republicana marcada por la intolerancia y las guerras civiles. El país, gobernado por familias poderosas que manejaban los escasos recursos de una nación que se resistía a entrar al siglo XX —y que parece repetir el patrón en pleno siglo XXI—, tiene en los Lleras uno de sus linajes más influyentes.
Su estirpe proviene del marino catalán José María Lleras y Alá, quien se domicilió en Bogotá a principios del siglo XIX. Desde entonces, sus descendientes han sido parte integral del poder. Su hijo, Lorenzo María Lleras (1811-1868), fue la primera figura de peso: reconocido periodista, rector de la Universidad del Rosario y uno de los fundadores del Partido Liberal.
Ya en el siglo XX, destacaron su nieto Alberto Lleras Camargo (1945-1946; 1958-1962), presidente que inauguró el Frente Nacional, y su primo segundo Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), abuelo de Germán Vargas Lleras. Esta familia es eje central del relato del poder en Colombia, donde el patriarcado político ha protagonizado las instituciones nacionales.
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Cada uno ha sido recordado por imprimir su carácter en el gobierno: a Alberto se le reconoce, aún hoy, su habilidad para reconstruir el tejido social tras la violencia bipartidista; a Carlos, en cambio, se le recuerda por la creación de instituciones y los llamados “auxilios parlamentarios”, pero también por las sombras del fraude electoral de 1970 que favoreció a Misael Pastrana frente a Gustavo Rojas Pinilla, hecho que dio origen al M-19.
Su nieto, Germán Vargas Lleras, buscó ser una síntesis de los aciertos y desaciertos de estos patriarcas. Inició su carrera de la mano del exalcalde de Pasto, Germán Guerrero López, en el Nuevo Liberalismo, reemplazándolo luego como concejal de Bogotá. No obstante, a diferencia de sus parientes liberales, en 2002 se unió al nuevo partido, Cambio Radical. En 2006 se consolidó como el senador más votado del país, aunque su partido se vio prontamente salpicado por el escándalo de la “parapolítica”. Según el portal Razón Pública, en esta colectividad convergen apellidos asociados a la lucha contra el narcotráfico (como Galán o Lara) con políticos clientelistas y clanes poderosos, como los que dominan el Atlántico.
Uno de sus legados históricos fue organizar una corriente de derecha independiente del uribismo, representativa más de las élites urbanas. Su discurso vertical contra los grupos armados ilegales lo convirtió en blanco de sus ataques. En 2002, un libro bomba le dejó cicatrices permanentes en las manos. En 2003, sobrevivió a un accidente de helicóptero en Sandoná, Nariño, que él mismo describió como un milagro. Posteriormente, en 2005, fue víctima de un carro bomba en Bogotá. Aunque inicialmente culpó al DAS, las investigaciones señalaron a las FARC como autores materiales. Tras sortear diversos planes para asesinarlo, Vargas Lleras afirmó que se había "gastado las siete vidas del gato".
A pesar de sobrevivir a atentados y accidentes, su carrera enfrentó el desgaste de su carácter imperativo, intolerante y hosco, sumado a la dificultad para controlar a militantes inmersos en escándalos. Con el debilitamiento actual de su partido y los cuestionamientos que enfrenta su hermano Enrique por su gestión en la Nueva EPS, el panorama de su legado es complejo. La historia de Vargas Lleras representa el ocaso de una de las estirpes políticas más tradicionales de Colombia.
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