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Jaime Garzón, 27 años después: la voz que Colombia aún escucha

Jaime Garzón, 27 años después: la voz que Colombia aún escucha

Jaime Garzón, humorista, abogado, pedagogo, periodista y político colombiano.

Han pasado 27 años desde que Jaime Garzón fue asesinado, pero su voz sigue apareciendo en conversaciones, aulas, redes sociales y escenarios donde el humor se utiliza para cuestionar el poder. Lo llamativo es que gran parte de quienes hoy lo citan, imitan a sus personajes o comparten sus entrevistas nacieron después del 13 de agosto de 1999, el día en que Colombia perdió a uno de sus críticos más agudos.

Aquel viernes, poco antes de las 6:00 de la mañana, Garzón se dirigía a los estudios de Radionet, donde trabajaba en el noticiero matutino. Sicarios lo interceptaron en la carrera 40 con calle 24D, en el barrio Quinta Paredes de Bogotá, y acabaron con su vida. La noticia sacudió al país y convirtió el dolor colectivo en una de las manifestaciones ciudadanas más grandes de finales del siglo XX.

Su cuerpo fue llevado al Capitolio Nacional, donde permaneció en cámara ardiente. Miles de personas llegaron a la Plaza de Bolívar para despedirlo y expresar su indignación. El recorrido de su féretro hacia el cementerio Jardines de Paz terminó convertido en una caravana que paralizó buena parte de Bogotá.

Ese día quedó claro que Jaime Garzón era mucho más que un humorista. Sus personajes habían trascendido la televisión y la radio, y su trabajo como gestor de paz, especialmente en apoyo a familiares de personas secuestradas, le había dado un lugar singular en la vida pública colombiana.

Nacido en Bogotá el 24 de octubre de 1960, estudió Derecho en la Universidad Nacional de Colombia. Desde joven entendió que el humor podía ser una herramienta para explicar la realidad, denunciar la corrupción y acercar temas complejos a millones de personas.

Su llegada a la televisión ocurrió a comienzos de los años noventa con Zoociedad, programa que debutó en octubre de 1990 y permaneció al aire hasta 1993. Más tarde regresó con ¡Quac!, emitido entre 1995 y 1997, donde consolidó un estilo de humor político que mezclaba investigación, sátira y análisis.

Sin embargo, fue Heriberto de la Calle, el lustrabotas desdentado que entrevistaba a figuras de la vida nacional mientras les embolaba los zapatos, el personaje que terminó por convertir a Garzón en una especie de conciencia popular. Desde esa aparente ingenuidad decía lo que muchos colombianos pensaban y pocos se atrevían a expresar públicamente.

Su capacidad para construir humor no surgía solo del talento actoral. Quienes trabajaron con él recuerdan una memoria extraordinaria, un profundo conocimiento de la política y una habilidad poco común para imitar gestos, voces y contradicciones de los personajes públicos.

Antes y durante su carrera televisiva también desempeñó funciones relacionadas con el Estado. Participó en la campaña de Andrés Pastrana para la Alcaldía de Bogotá, colaboró con el gobierno de César Gaviria, lideró la traducción de la Constitución de 1991 a varias lenguas indígenas y fue alcalde menor de la localidad de Sumapaz durante la administración de Pastrana.

El periodista Antonio Morales, uno de sus amigos más cercanos y compañero de trabajo en ¡Quac! y Lechuza, ha sostenido que Garzón se volvió especialmente incómodo para sectores del establecimiento cuando dejó de hacer humor únicamente desde la ficción y comenzó a intervenir en asuntos reales relacionados con la paz, la reconciliación y las denuncias sobre el crecimiento del paramilitarismo.

Las investigaciones sobre su asesinato concluyeron que el crimen fue planeado por Carlos Castaño, José Miguel Narváez, entonces exsubdirector del DAS, y miembros de la fuerza pública. Años después, el Estado colombiano reconoció oficialmente su responsabilidad por el homicidio ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El Centro Nacional de Memoria Histórica ha resumido esa permanencia con una idea poderosa: la memoria de Jaime Garzón no solo persiste, sino que sigue interpelando al país. Su historia recuerda que la risa puede convertirse en un acto político y que una pregunta bien formulada puede resultar más incómoda que cualquier discurso.

Casi tres décadas después, Jaime Garzón sigue siendo un referente para periodistas, artistas, estudiantes y ciudadanos que encuentran en su obra una manera de resistir al olvido. Su legado permanece en cada personaje que cuestiona el poder, en cada broma que revela una verdad incómoda y en cada generación que descubre que el humor también puede ser una forma de hacer memoria.

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