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Historias

Otro escritor que dice adiós

Otro escritor que dice adiós

Carlos Orlando Pardo


La muerte de un escritor admirado y leído como Plinio Apuleyo Mendoza que acaba de ocurrir en Bogotá, cuando ya llevaba 94 años de existencia, no deja de causar tristeza.


Desde muy joven mi hermano Jorge Eliécer y yo fuimos sus lectores devotos y pudimos compartir con él en ese bello París de hace 46 años cuando fuimos invitados al congreso internacional de cuentistas de América Latina en la universidad de la Sorbona. Teníamos poco más de 32 años y nos entusiasmaban los escritores a quienes leíamos devotos y allí mantuvimos charlas y tertulias tanto con Plinio Apuleyo como Manuel Mejía Vallejo o Moreno Durán, sin dejar de lado a Juan Carlos Onetti y la muy grata compañía de Hugo Ruiz, Héctor Sánchez y Magil. Bellos días que quedaron en la evocación con emociones y que hoy, con la noticia de la partida de Plinio regresan irremediables.

No fue sino decirle que nos gustaría conocer algunos de los lugares que visitaba con su amigo Gabriel García Márquez, para que fuéramos a almorzar a un restaurante cercano acompañados del crítico francés Jacques Gilard. Las historias rodaron una tras otra para convencernos de lo que significa la solidaria cercanía en el oficio cuando ninguno de ellos dos, salvo el periodismo, portaba la fama que tuvieron.

Uno guarda silencio y empiezan a desfilar sus libros y sus datos. Había nacido en Tunja el primero de enero de 1932 y había sido escritor, periodista y diplomático, hijo precisamente del abogado y político Plinio Mendoza Neira quien llevaba del brazo a Joirge Eliécer Gaitán cuando lo asesinaron. Se casó con la escritora barranquillera Marvel Moreno con quien tuvo dos hijas, y dirigió varias revistas como Libre, trimestral del mundo hispano y hasta la revista semana.

Publicó tres novelas como Años de fuga (1979), Cinco días en la isla (1997) y Entre dos aguas (2010), así como los cuentos de El desertor con varias ediciones en diversas editoriales, pero fuera de la ficción hubo no pocos libros como la llama y el hielo (1984), Aquellos tiempos con Gabo (2000), Y Postales de vida en 2021. Ya en coautoría El olor de la guayaba en 1982.

Estuvimos gozando finalmente de sus distribuciones en la casa del embajador en Lisboa cuando fuimos invitados por Germán Santamaría quien acababa de ser designado embajador. Allí estaba su antigua empleada del servicio, experta en cenas para diplomáticos y de Boyacá, quien debe estar llorando su muerte. Nosotros lo sentimos mucho y aunque no compartíamos sus gustos políticos, lo admirábamos como escritor.

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