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El café no puede quedar en el limbo

El café no puede quedar en el limbo

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La caficultura colombiana enfrenta una de esas situaciones que pocas veces ocupan los titulares nacionales, pero que tienen el potencial de generar profundas consecuencias económicas y sociales. El próximo 7 de julio vence el contrato mediante el cual la Federación Nacional de Cafeteros administra el Fondo Nacional del Café, y hasta el momento no existe claridad sobre su renovación, prórroga o eventual reemplazo.

La preocupación fue expresada públicamente por Dignidad Cafetera Nacional y Dignidad Agropecuaria Colombiana, organizaciones que enviaron una carta al Gobierno Nacional en la que advierten sobre los riesgos de permitir que expire el contrato sin una solución previamente acordada. Para los productores, el problema no es simplemente administrativo; se trata de la continuidad de herramientas fundamentales para el funcionamiento del sector.

El Fondo Nacional del Café es mucho más que una bolsa de recursos. A través de él se financian programas de asistencia técnica, investigación, promoción internacional, infraestructura, apoyo a las cooperativas cafeteras y, especialmente, la garantía de compra que durante décadas ha sido uno de los pilares de estabilidad para los productores colombianos.

Lo llamativo del pronunciamiento es que proviene de sectores que históricamente han mantenido diferencias con la Federación Nacional de Cafeteros. Las organizaciones firmantes reconocen que existen cuestionamientos sobre la administración de los recursos, la transparencia en la información y la democracia interna del gremio. Sin embargo, también son enfáticas en señalar que esas diferencias no justifican poner en riesgo la operación del Fondo.

La discusión de fondo parece estar en la necesidad de modernizar y fortalecer los mecanismos de control y participación, sin afectar la institucionalidad construida durante casi un siglo. Dignidad Cafetera insiste en que es necesario incorporar mayores niveles de vigilancia ciudadana y representación de los productores, pero rechaza cualquier decisión improvisada que termine debilitando el modelo cafetero colombiano.

El silencio del Gobierno Nacional frente a este tema comienza a generar inquietud. A pocos días del vencimiento contractual, el país cafetero sigue sin conocer cuáles son las modificaciones que pretende introducir el Ejecutivo ni cuál será la hoja de ruta para garantizar la continuidad de los programas financiados por el Fondo Nacional del Café.

La preocupación tiene fundamento. Una eventual interrupción en la administración de estos recursos podría afectar la operación de las cooperativas, la comercialización del grano, la garantía de compra y los programas de apoyo que benefician a miles de familias cafeteras en departamentos como Tolima, Huila, Caldas, Risaralda, Quindío, Cauca y Antioquia.

Por ello, la propuesta de los gremios parece razonable: prorrogar temporalmente el contrato vigente mientras se instala una mesa de diálogo amplia que permita discutir los cambios necesarios sin generar traumatismos. La experiencia demuestra que las transformaciones institucionales requieren consensos, especialmente cuando están en juego sectores estratégicos para la economía nacional.

Más allá de las diferencias políticas o gremiales, el debate debería centrarse en una pregunta esencial: ¿cómo fortalecer el Fondo Nacional del Café sin poner en riesgo a quienes dependen de él? La respuesta exige transparencia, participación y responsabilidad de todas las partes involucradas.

El café sigue siendo uno de los principales símbolos económicos y culturales de Colombia. Por eso resulta preocupante que un tema de semejante importancia avance entre la incertidumbre y el silencio oficial. El tiempo corre y el 7 de julio está cada vez más cerca. Si Gobierno y Federación no logran construir una salida concertada, quienes terminarán pagando las consecuencias no serán los dirigentes ni los funcionarios, sino los miles de caficultores que cada día sostienen desde las montañas una de las industrias más emblemáticas del país.

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