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El inolvidable legado musical de Arnulfo Moreno

El inolvidable legado musical de Arnulfo Moreno

En el seno de una numerosa familia campesina, en medio del majestuoso Cañón de Las Hermosas, nació Arnulfo Moreno, uno de los intérpretes y compositores más importantes que ha tenido el Tolima. Cuenta que sus padres, de origen humilde, lo trajeron al mundo en una finca llamada La Alemania, que colinda con el Páramo de Las Hermosas.

Era 1952 y arreciaba el derrame de sangre que ahora se conoce como La Violencia. A unos los matan por godos, a otros por liberales, le cantaron Silva y Villalba a dicha tragedia nacional.

“Nos tuvimos que ir cuando yo tenía un año para el Cañón de Ambeima, propiamente para un sitio llamado La Marina. De allá a mi papá también lo sacó La Chulativa. Le tocó salir a la madrugada con nosotros dejando todo, hacia la vereda La Sonrisa, más cerca a Chaparral. Ahí estuve hasta cuando cumplí casi 20 años”, relata Arnulfo Moreno.

En la escuelita de esa vereda estudió sus primeros años. Guarda en su memoria que en los cultivos y potreros fue donde vivió su “época más linda”. Entre los cafetales los campesinos cantaban rancheras que se quedaron grabadas para siempre en sus recuerdos.

Una de las herencias que más le agradezco a Dios es haber nacido en el campo. El campesino es un hombre honrado, con amor por el trabajo, responsable y de principios. La música, el canto, nacieron conmigo. Desde los cinco o seis años empecé a cantar todo lo que escuchaba de los trabajadores, me aprendía esas canciones”, rememora con nostalgia el maestro Moreno.

Su facultad natural para la música le permitió destacarse desde la misma escuelita de la vereda La Sonrisa. Las izadas de bandera se convirtieron en los días más felices de su infancia, pues era su voz la que entonaba los himnos y demás cantos de la ceremonia. “Me sentía el chacho, el artista de la vereda”, dice entre risas.

Antes de Arnulfo Moreno ser uno de los exponentes más importantes de la música andina, en su adolescencia y los primeros años de juventud cantaba música bailable. A la edad de trece años, junto a dos vecinos de la vereda, conformaron un trío y cantaban las canciones del legendario Rafael Escalona en la emisora La Voz de Chaparral.

Por esos años Arnulfo llegó al casco urbano del municipio, donde empezó a recibir clases de canto con uno de sus grandes maestros, Manuel Ortiz Palma. Entretanto, estudiaba en el colegio Manuel Murillo Toro, donde se conoció, por ejemplo, con Alfonso Gómez Méndez.

“El cura del pueblo me patrocinó todo para ir a Ibagué, a un concurso que se llamaba Cantante del Año Voz del Tolima. El ganador iba a Bogotá, a un programa de Jorge Varón Televisión, cuando todavía era en blanco y negro. Yo todavía olía a cafetal y no me sentía muy seguro. Fue la primera vez que vine a Ibagué, al teatro que había en la 12, entre Tercera y Segunda. Allí me fue muy bien, había grandes cantantes como Jorge Fernández, Los Hermanos Naranjo, entre otros”, explica él.

La primera canción que cantó en ese concurso fue el bambuco ‘Amor se escribe con llanto’. A sus 15 años conoció por primera vez lo que era dejar perplejo a un público, lo que le basto para clasificarse a la final del concurso, que ganó. Posteriormente viajó a la capital de la república, donde el hijo de Chaparral también obtuvo el primer lugar. Así, el legado musical de Arnulfo Moreno empezaba a tomar forma.

De regreso al sur del Tolima, lo invitaron a cantar en la orquesta La Gran Tribu. Puso a bailar a los chaparralunos hasta sus casi 20 años, cuando alguien lo invitó a trabajar en Bogotá, con una promotora de discos. Mientras los vendía, la orquesta Son Caribe se fijó en él y más adelante lo mismo sucedió con otra agrupación de Villavicencio. “Estando en esas conocí al maestro Jorge Villamil, presidente de Sayco en ese momento, que me dijo que me necesitaba en Ibagué”.

Los Inolvidables

A comienzos de 1982 el maestro Darío Garzón, integrante del Dueto Garzón y Collazos, descubrió en toda su dimensión el talento de Arnulfo Moreno. Las oficinas de Sayco, ubicadas en ese entonces en la calle 13 entre Tercera y Segunda, eran también las instalaciones de una academia musical de Darío Garzón. “Habían instrumentos, era un salón grande, y un día cualquiera cogí una guitarra y me puse a cantar el bambuco ‘La Ibaguereña’. Sorpresivamente el maestro Darío estaba y me escuchó, a lo que me preguntó si quería conformar un dueto”.

Arnulfo Moreno narra que su respuesta fue un Sí, pero agregó que le hacía falta una segunda voz. “Se lo tengo, me dijo el maestro Garzón”. Se trataba de Hernando Bustos, con quien pasaría a conformar Los Inolvidables.

Sin embargo, el dueto no arrancó sino hasta 1983, pues Moreno todavía tenía contrato vigente con la orquesta de Villavicencio, a donde iba los fines de semana desde Ibagué, que era su lugar de trabajo con Sayco. A su vez, Bustos aprovechó para dejar Viejo Tolima, su dueto hasta ese momento junto a Jorge Vidales.

“La primera canción que cantamos juntos con Hernando fue ‘Llorando por amor’, del maestro Villamil, en el tono que grabaron Garzón y Collazos. Cuando empezamos a cantar Hernando se emocionó y miró sorprendido al maestro Garzón, así fue que nació el dueto. Aprovechamos los ocho meses hasta terminar mi contrato con la orquesta, para estudiar encerrados en la academia, incluso ahí fue cuando aprendí a tocar tiple. El maestro Darío quería un dueto autentico, que no se pareciera a Garzón y Collazos ni a silva y Villalba”, explica el músico chaparraluno.

Empezaron en 1983 bajo el sencillo nombre de Arnulfo y Hernando. En una de sus primeras presentaciones, para promocionar su primer disco ‘Bendigo la Soledad’, dejaron tan impresionados al público que inmediatamente los calificaron de inolvidables. “Cantamos en el hotel Nutibara de Medellín llevados por el maestro Villamil, fue tanto el éxito, la gente alborozada con nosotros, que llegó un señor diciendo que había sido una noche inolvidable, que nosotros éramos inolvidables. Villamil nos miró y dijo ese el nombre: Los Inolvidables”, narra con satisfacción Arnulfo Moreno.

En su palmarés el dueto cuenta con El Centauro de Oro y el Mangostino de Oro. El Festival de la Música Colombiana les fue siempre esquivo. Han grabado más de 240 canciones. Los aprecian en diversos rincones de Colombia. Ya son más de 30 años de carrera artística, con un receso que se tomaron entre el 2007 y 2012. Con grandeza han respondido a la responsabilidad de continuar con las banderas que les entregaron Garzón y Collazos y Silva y Villalba.

El compositor

Arnulfo Moreno empezó a componer canciones desde su vida rural en Chaparral, cuando con dos vecinos de la verada organizaron un trío. “La composición es algo muy espiritual, los que componemos estamos iluminados por el Espíritu Santo. No cualquiera compone”.

A la fecha ha compuesto 160 canciones, de las cuales hay 110 grabadas. Aunque, asegura que muchas otras se le han perdido por los vericuetos de la memoria, debido a distracciones de la cotidianidad o ante la falta de una herramienta que le permita retener la idea que le llegó como por arte de magia.

Las canciones de su creación no han sido únicamente para Los Inolvidables, ni solo de música tradicional colombiana. En su repertorio hay música popular, gracias a la cual se hizo muy reconocido su paisano Juan Carlos Zarabanda. ‘Nací en el sur’, ‘Mi madre está en el cielo’ y ‘Adiós a un amigo’, algunos de los éxitos que Arnulfo Moreno le ha escrito al también nacido en Chaparral.

Al consultarle por las composiciones a las cuales les guarda mayor cariño, responde que es como poner a un padre a escoger cuál hijo quiere más, es decir, una tarea casi imposible. Al azar mencionó temas como ‘Esposa mía’, ‘Ojos míos’, ‘Chaparral de los Grandes’ y su más reciente creación ‘Hijo de mi alma’ dedicada a Henry, uno de sus siete descendientes. A sus 68 años, Arnulfo Moreno afirma que, “estoy en mi momento más lúcido de composición, de mayor madurez. Con el dueto seguimos vigentes”.

En el marco de la edición 34 del Festival Nacional de la Música Colombina, el maestro Arnulfo Moreno será homenajeado por su amplio e importante legado musical. En hora buena que este tipo de reconocimientos sean en vida.

¿Teme que se extinga la música tradicional, para dónde cree que va la misma?

“Los intérpretes se están acabando. De la música tradicional colombiana ahora no se puede vivir; a diferencia del vallenato o la música llanera, que es comercial. Nuestra música es para escuchar, llega al alma, es de composiciones románticas. Ahora ya son pocos los románticos. En Colombia somos víctimas de la sociedad de consumo, por eso la música tradicional está en un momento de estancamiento”, sentencia Arnulfo Moreno.

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