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Las corrientes filosóficas en el Líbano

Las corrientes filosóficas en el Líbano

La recepción del "positivismo" y del "espiritismo" en el Líbano, Tolima: una excepcionalidad en la Colombia del siglo XIX

Desde los años de 1870 se pueden encontrar en el Líbano, Tolima, evidencias de la penetración del pensamiento de Saint Simon, del” espiritismo” de Allan Kardec (supuestamente basado en las “voces de los fallecidos”), y de la teología de Frédéric Herrenschneider (inspirada en el positivismo de Auguste Comte). En los años de 1910 también se puede registrar la influencia de antiguos “libros sagrados” de la India, como el “Upanischad” y el “Bhagavad-Gita”, lo mismo que la lectura de revistas científicas de antropología, de física, de química y de medicina.

Probablemente, se tuvo acceso a la lectura de Platón o, al menos, de algunos de sus comentaristas griegos, latinos e italianos. Claramente, estos “intelectuales” intramontanos leyeron aquellas obras en francés e inglés, por las citaciones realizadas en los opúsculos de autoría del General Isidro Parra y del médico Alejandro Palacio Botero. De hecho, Parra tradujo al castellano el “Manual de la philosophie de l´être” (1874), de Herrenschneider, y lo publicó en 1878.

La mayoría de las obras estudiadas por estos libanenses son completamente desconocidas. Se trata de divulgadores del positivismo francés, del espiritismo y del “orientalismo”, los cuales llegaron al Líbano a lomo de mula por la vía de la exportación del café. El asesinato de Parra truncó un trabajo divulgativo de las filosofías saintsimoniana y comtiana, pues, en estas materias, solo se conserva de él la amplia “introducción” que realizó a la obra traducida de Herrenschneider. Este crimen fue cometido con la complicidad (o quizás, bajo la orden) del General Manuel Casabianca (Hernán Clavijo, 2007).  Un conservador redomado y camandulero que odiaba ferozmente las suscitaciones intelectuales de Parra, pero, especialmente, su crítica radical al clero, y su empeño por implementar en el Tolima “filosofías científicas” y “ciencias ingenieriles”.

 Casabianca, incluso, se negó a respaldar la fundación de una “Escuela de Minas” que, insistentemente, le propuso Parra. Nicho académico que habría dado lugar a verdaderas revoluciones educativas en el departamento. Quizás deberíamos cobrarle factura a Casabianca, en un museo de la infamia, junto a Andrés López de Galarza. De hecho, hoy mismo, cuando propongo una reforma real de la Universidad del Tolima, directivas, sindicatos y politiqueros locales se enfilan como “perros de caza” con el único propósito de destruir cualquier posibilidad de realizarla. O mejor, los “casabiancas” siguen “reencarnando” copiosamente en esta región.     

 Lo que me ha llamado la atención del fenómeno de esta pequeña “ilustración” cafetera, es su excepcionalidad en el país. No he podido ver una recepción similar de corrientes filosóficas y místicas en otras ciudades o aldeas de Colombia. Lo que se constata son influjos ideológicos análogos, pero, posteriormente. O, recepciones que no lograron la altura reflexiva y la diversidad de problemas estudiados por estos “letrados” cafeteros. Los temas abordados por Parra y Palacio son de todos los órdenes: atomismo, fisiología, dios, justicia, belleza, amor, moral, espíritu, agronomía, distribución de la propiedad, tecnología, sistemas penales, transmigración de las almas, educación, sistemas parlamentarios, en fin.

Palacio dejó dos obras (se especula de una tercera titulada “Conversaciones con Sura Gurú”, pero, no pude acceder a una copia para verificarlo): “Tardes cortas” (1924) y “Rasgones en el velo de Isis” (1925), las cuales fueron escritas a lo largo de varios años, y publicadas por primera vez en periódicos regionales. Parra nos legó un epistolario, del cual hay un ejemplar en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Colombia (ya descatalogado). Además de la “introducción” a la obra de Herrenschneider precitada, subsisten algunos informes y actos administrativos suscritos por él. Se especula que redactó un corpus legal sobre distintos temas para el Estado Soberano del Tolima, pero tampoco pude constatarlo. Finalmente, dejaré que los propios protagonistas de este breve elogio a sus esfuerzos intelectuales, sean los que hablen. Escribió Parra sobre su trayectoria intelectual:

 “Yo he sido y soy muy amante del progreso, he tenido y tengo mucho deseo de luz, para que pudiera permanecer indiferente en esta lucha, o adherirme a las tinieblas del pasado. No obstante, lo oscuro de mi pobre personalidad, lo escaso de mis conocimientos y lo pequeño de mi inteligencia, he querido tomar puesto entre los que luchan por el progreso, entre los obreros del porvenir. Para esto era necesario romper con mi pasado, y así lo hice. Examiné cuidadosamente las doctrinas que me enseñaron mis padres, y las repudié tan pronto como vi que no eran conformes a la verdad. Púseme en seguida a meditar en el objeto de los mundos que pueblan el espacio, en el origen y destino del hombre y en la naturaleza de los seres” (Isidro Parra, 1878).

En un debate con el materialista Luis Büchner, sobre la existencia del alma, Parra argumentó con recursos mayéuticos lo siguiente:

“Si las partículas de nuestro cuerpo cambian constantemente, si a tan cortos intervalos se renueva por completo nuestro organismo corpóreo, ¿cómo es que son siempre unas y permanentes las nociones que nos formamos de los objetos, a pesar de la diversidad de impresiones de sensaciones y de partículas que entran en juego? (…) ¿Cómo es que sentimos y sabemos que somos siempre los mismos, siempre idénticos, y nos reconocemos como tales durante toda nuestra vida por larga que sea? ¿cómo explicar estos fenómenos sin la intervención de algo personal distinto del organismo corpóreo?” (Isidro Parra, 1878)

Y, en un texto realmente ácrata y proecológico, Palacio escribió una exhortación crítica sobre los Estados o los regímenes políticos en general:

“Borráronse del suelo todas las fronteras y medianerías; la necesidad fundió en una sola todas las lenguas y la voz patria desapareció del diccionario y del corazón. Y no volví a ver los partidos políticos ni los gremios socialistas y comunistas (…) cesaron las luchas internacionales, las disputas de ensanche y colonización, los privilegios, las tarifas aduaneras, la sed de dominio…; y jugó el hombre con el huracán, la nube, la nieve y la ola; con el sonido, el color y la luz; sí, se había apoderado del sistema nervioso de la tierra” (Alejandro Palacio, 1924).     

 

* Profesor asociado de la Universidad del Tolima.

*Ingeniero gedoesta de la U. Distrital.

* Filósofo de la U. Nacional de Colombia.

* Doctorado en geografía.

* Magíster en gestión pública y desarrollo sostenible.

*Autor de varios libros.

 

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