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Generosidad y política

Generosidad y política

Por: Edgardo Ramírez Polanía


La generosidad es la convicción noble de ofrecer ayuda en una sociedad donde los bienes y cargas  deben estar bien repartidos y no obtener ventaja sobre los demás mediante la dominación política, donde están los secretos de la injusticia social.

Nuestra sociedad está mentalmente enferma por el odio entre las distintas facciones políticas, que no dialogan sino se enfrentan en una interminable guerra atizada por los medios de comunicación y los poderes económicos contra los gobiernos que persisten en imponer reformas sociales que perjudican a sectores de la economía y la política, quienes han utilizado a los entes de control judicial y administrativo para formar un desbarajuste institucional.

Los grupos armados no han sido generosos con la sociedad colombiana a la mano tendida de hacer la paz. Al contrario, han fomentado más la guerra con los demás grupos delincuenciales.

Los colombianos han sido presa fácil de embaucadores que le han ofrecido acabar con la violencia y eliminar las desigualdades para un mejor vivir. Sin ningún resultado positivo.

Los gobiernos de los últimos 70 años no han sido capaces de ponerle límites a la violencia, la guerrilla, ni al gasto público y menos, justificar los inmensos niveles de desigualdad que es una falta de generosidad social.

Cuando las personas han superado la pobreza absoluta, su mayor riqueza es tener derecho al acceso de la libertad económica y social. La justicia no debe ser un simple enunciado teórico constitucional porque no depende de una ideología, ni un credo como lo pensaba el Exprocurador Ordoñez Maldonado, sino de la manera de ver la dignidad humana.

La mayoría de las personas adhieren a partidos políticos por la sintonía que existe entre su carácter, su ideario o su herencia política. El generoso se siente más cómodo con un ideario de izquierda, mientras que el ricachón, se siente más a gusto con un ideario de derecha. Pero no siempre ocurre eso y existen personas que adhieren a una ideología forzando su temperamento por intereses o por considerar equívocamente que serlo, se asimila a la bajeza de las clases sociales.

Aunque existen excepciones en gentes de derecha con criterios de izquierda y viceversa. Pero en las gentes con sólida moral y conocimiento, eso no ocurre por la firmeza del carácter que es la impronta de la personalidad de los individuos.

La macroeconomía a favor de la igualdad, siempre van de la mano de la generosidad, al punto que las ideas y las emociones están en perfecta sintonía que no requiere que la persona las reafirme con membresías o etiquetas de partido o manifestaciones privadas o públicas.

El efímero poder debe ser generoso con los débiles y por lo mismo no debe ser despótico sin dejar ejercer la autoridad. Todo despotismo es perverso e inhumano.

Según la tradición de la Roma antigua, el homenaje a los generales se  hacía desde la entrada del Monte Palatino hasta el templo de Júpiter. Al homenajeado o gobernante, se les acercaba un subordinado para decirle al oído. “memento mori”, así le daba entender que también moriría algún día, y que por eso no debía embelesarse con la gloria del poder.

A esa recomendación contra la vanidad, se le llamó “triunfo modesto”, para exaltar el recato que debían tener los homenajeados.

En nuestro país, es costumbre aparentar con escoltas, vehículos nuevos, residencias lujosas divididas imaginariamente por una calle, o pertenecer a determinados partidos porque lo dice el contagio colectivo de la presunta primacía social.

 

La generosidad y la modestia, deben venir de la convicción de que, en las cuentas de la vida, los talentos propios por muy notables que sean, valen mucho si están soportadas en la generosidad y la modestia en sus justas proporciones que es la vida misma.

Voltaire decía: “Gozad de la vida que es poca cosa esperando la muerte que es nada”. Los generosos suelen ser escépticos, tranquilos y gozosos.

La generosidad ha sido una fuente inagotable de perfeccionamiento humano a lo largo de la historia de la humanidad. Es una manera de ser con los otros. Sólo tiene sentido en cuanto se desprende de sí mismo y se relaciona con los demás. No al otro cercano, el ser amado, o los amigos, sino el otro indiferente.

 

La generosidad es altruismo sin importar quien sea y por eso los generosos son casi siempre más justos a diferencia de los ricos que todo lo acaparan y es una virtud ajena a la contabilidad de costos y por eso el generoso es un desinteresado que no hace cuentas, que se desentiende de la suerte que corre su imagen en la mente de los demás. Su acciones son auténticas, pero como la generosidad da apariencia social y política, muchos la persiguen y ninguna virtud está tan expuesta al fingimiento.

La generosidad en la política genera demasiada sospecha sobre todo de personas que tienen poder, riqueza o autoridad. A veces el líder de la revolución se viste de verde oliva sin ninguna condecoración, en medio de sus generales cargados de medallas hasta en la corbata, pero su vestido sencillo resulta más brillante que el oro. Lo mismo sucede con aquellos personajes que detentan poder y a cambio de desempeñar sus funciones a cabalidad la emprenden contra los gobiernos de turno creando un caos institucional.

 

En el verdadero modo de ser y lo falso, hay una zona gris donde no se sabe quién es quién. Nadie desenmascaró mejor ese terreno fangoso que La Rochefoucauld, en Francia del siglo XVI, quien decía, “que todas las virtudes son poses que alimentan nuestro amor propio”.

La generosidad en nuestro país es de almas selectas, de asociaciones como Sanar contra el cáncer, la misma clínica contra esa desastrosa enfermedad hecha por el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, la misma clínica Shaio, la asociación de sordos e invidentes y los gobiernos quienes también tienen sus oficinas de ayuda a los desastres. Y que hermoso es ver la solidaridad de soldados, bomberos, defensa civil y voluntarios cooperando con gran generosidad ante las desgracias de la naturaleza, que nos enternece y alegra el espíritu.

 

Los colombianos requerimos o necesitamos que exista en la educación primaria más urbanidad, mayor énfasis en la solidaridad, y el perdón, para que la sociedad tenga un sendero de paz amor y reconciliación, que lo conduzca a la paz social.

De lo contrario, continuaremos en una malsana contraposición de intereses que lleva al odio y la violencia, porque muchas personas consideran que tienen y lo saben todo y pueden pasar por encima de la ley y ese es el error que vende la televisión del hombre macho con dinero, mujeres y oro, echando bala para arreglar los asuntos personales o colectivos por falta de educación.​​​​​​​

Es una gran equivocación que debemos superar con buen razonamiento que nos lleve al menos a una verdadera paz y reconciliación para evitar una ruptura institucional y un enfrentamiento social. Por lo cual, es necesario obrar con sensatez, para que el diálogo y la oposición se ejerza dentro de los límites del respeto  y la comunicación como las mejores fuentes de convivencia y progreso.

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