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En el nombre de la risa

En el nombre de la risa

Por Ricardo Oviedo Arévalo*


En la pasada campaña electoral en Estados Unidos, un periodista de la cadena noticiosa norteamericana CNN le preguntó al actual gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, cuál era el factor esencial para que el presidente Trump perdiera las pasadas elecciones y él contestó lapidariamente, “El odio aburre”.

El gobernador tenía razón, porque en el análisis estructural del discurso, el odio,  se convierte en una matriz tediosa, generando una narrativa de confrontación e indignación permanente, donde se descalifica cotidianamente al oponente, señalándolo como un enemigo irreconciliable, convirtiéndose en el tiempo, en una propuesta intolerante, predecible, monótona y polarizante, de “buenos contra malos” y por lo tanto, termina agotando a una saturada opinión pública, eso es lo que hoy se observa en los miles de mensajes que circulan por las redes sociales, donde la sexualización y excesiva dramatización del debate opaca su contenido político, quitándole el protagonismo a las propuestas del gobierno y de los congresistas.

Entonces, no es casual, que uno de los personajes centrales de este sainete, sea un caricaturista, Julio César González Quiceno, mejor conocido como Matador, expulsado por sus ácidas críticas en los medios de comunicación tradicionales, pero rey en las redes sociales. Hoy es quien levanta el mantel para ver el trasfondo de los protagonistas de la vida nacional. Su ingreso a las instalaciones del Congreso levantó una polvareda descomunal entre los asistentes de este recinto, convirtiéndose en una noticia internacional, demostrando, de esta manera, su fuerte influencia en la creación de una opinión nacional susceptible a la caricaturización de su vida política y de sus protagonistas.

En el caso colombiano, este tipo de personajes, resultan ser unos veedores más eficaces que los llamados órganos de control, González, quien es oriundo de Pereira, una de las ciudades más afectadas por el terremoto del mes de agosto, ha denunciado permanentemente la ineficacia. y opacidad del Fondo Colombia, Luz y Sonrisas, dirigido por Ana Lucía Pineda, esposa del presidente Abelardo, sus opositores lo culpan de ser un misógino resentido.

Lo mismo sucede con el periodismo independiente y alternativo que gira en torno a revistas como Cambio, Vorágine y Raya, y al Reporte Coronell, que se han convertido -de facto- en la contraparte del gobierno actual, desgastando a sus mediocres funcionarios y al archipiélago de partidos de gobierno, todos ellos pertenecientes a clanes y a la clase política tradicional, es decir, a los de “siempre”.

Pero ante la monotonía de unos y otros, ha surgido una propuesta refrescante, a esta matriz de odio y su trillado discurso, es el humor negro cargado de carcajadas -gracias a la inteligencia artificial- creando cualquier cantidad de videos y fotografías donde  con un humor caustico y muchas veces inteligente, se burlan de los “súper poderes” eróticos del ex presidente Petro y de su harén de contratistas, del agudo olfato del vicepresidente Restrepo, de la sabiduría y prudencia de la familia Gómez Martínez, de las funciones policiales nocturnas del presidente ADLE, regañando a jibaros y proxenetas con el revolver al cinto y su frente en alto, gracias a estos personajes se han vuelto populares: disfraces, máscaras, ropa y afiches, de todo tamaño y colores; esta fiebre caricaturesca ha llegado también a la música, con la parodia, de la canción de la orquesta de los Tupamaros, la chica gomela, donde se canta la “labor humanitaria” de la primera dama, sin duda un éxito musical bailable para este fin de año.

ZONA DE DISTENSIÓN. Mi sentido pésame a sus hijos y familiares, por el fallecimiento de doña Hilda Martínez de Jaramillo.

*Sociólogo, docente e investigador

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