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El visionario de la Paz

El visionario de la Paz

Por Augusto Cubides C. 


Antonio Navarro Wolff, el hombre que hizo posible la paz definitiva con el M-19. Lo conocí y nos hicimos amigos en 1990, meses después de la dejación de armas y reincorporación a la vida civil del Eme. 

Lo acompañé en la Asamblea Nacional Constituyente y en los equipos de trabajo con los que asumimos las elecciones presidenciales de 1991 y 1994. También en su paso por la Alcaldía de Pasto, la Cámara de Representantes y el Senado de la República. Fuimos caminantes en la misma aventura por la paz de Colombia. 

Jamás olvidaré su mística y disciplina de trabajo. En campaña era un verdadero motor: rendidor e inagotable. En ocasiones perdíamos el sentido de qué día era. Solía llegar de visitar un pueblo o una vereda en los sitios más recónditos, pero siempre llegaba a su casa, en Chapinero, a la media noche. No obstante, a las 4 o 5 de la mañana ya estaba listo y camino nuevamente al aeropuerto para cumplir una nueva cita en algún lugar del país. 

Era incansable, supremamente cumplido. Salvo un retraso por alguna  situación de fuerza mayor, llegaba a tiempo.

Con Navarro conocí un verdadero fenómeno de masas en ese período después del asesinato de Pizarro. Su llamado a seguir en el camino de la paz a pesar del dolor por el magnicidio de Pizarro, dejó y sembró para la historia y las nuevas generaciones, uno de los mayores logros de su carrera política: la apuesta a la paz, la democracia y la inagotable lucha por la justicia social. 

Navarro pudo haber elegido el camino del odio, del rencor, pero nos dejó esa gran carta de derechos lograda en la Constituyente de 1991, la que presidió con Álvaro Gómez y Horacio Serpa ye que es, sin duda, el otro gran legado que nos dejó a los colombianos.  La guerra le quitó una pierna y casi le arrebata su voz, la paz le devolvió su grandeza como hombre y como dirigente político.

Sobre su labor en la Alcaldía de Pasto y la Gobernación de Nariño hablarán sus pobladores, esas comunidades que lo apoyaron con unas votaciones históricas e irrepetibles.

Terminada su labor en el sur del país se vino a Bogotá con la idea de “lanzarse” al Congreso. Fundamos el movimiento “VÍA ALTERNA” con él, Gustavo Petro, Augusto Rodríguez, Milton Rengifo y José Cuesta, entre otros. 

Navarro encabezó la lista a la Cámara por Bogotá y Petro ocupó el segundo renglón. Ganamos, tuvimos la mayor votación y superamos a los favoritos de los medios de comunicación: la periodista María Isabel Rueda, a nuestro amigo Sergio Cabrera, la actriz Nelly Moreno y al favorito de todos, Pablo Ardila, dueño del diario amarillista EL ESPACIO. 

Su paso por el Congreso junto con Gustavo fue exitoso. Hicieron una gran labor de control político a los gobiernos de turno. Navarro se esforzó por los temas constitucionales especialmente, y Petro dirigió su estrategia a fiscalizar y denunciar los entramados al interior de los grupos empresariales y luego, lo que el país ya conoce, la infiltración de paramilitarismo en el Estado y la Fiscalía de entonces.  

Con Navarro vivimos momentos especiales y difíciles. En el Tambo, Cauca, por ejemplo, vivimos un momento crítico cuando un grupo de al menos 20 policías irrumpieron en un paraje turístico donde descansábamos en la piscina luego de un largo viaje. Los policías llegaron hasta donde estaba Navarro y con sus fusiles “montados” nos obligaron a salir de la piscina. En ese momento policías y escoltas del desaparecido DAS, se enfrentaron a gritos en insultos entre sí. Navarro quien se encontraba en el centro de la piscina rápidamente se movió hacia donde estaban los policías y pidió hablar con el encargado de esa operación. Al final todo se aclaró. Los policías venían en búsqueda de una persona que la noche anterior había protagonizado muy cerca de allí, un altercado con el comandante de policía de esa región. 

Fue la tranquilidad e inteligencia de Navarro como se tranquilizó todo. Un solo tiro en ese momento, habría generado una tragedia incalculable. 

Se nos adelantó el amigo, el compañero, el padre amoroso, un hombre de Estado, el maestro que nos trazó un camino, el hombre que lideró en 1991 el cambio más profundo en nuestra democracia en cien años, el dirigente que hizo posible que quedara viva la esperanza de millones de colombianos. 

Un analista en la prensa de hoy asegura que con Navarro “se va uno de los grandes…”. Al contrario, creo que no se fue, percibo que sigue y seguirá entre los miles de colombianas y colombianos que le conocieron, que lo vieron caminar de la mano de los más débiles por pueblos y veredas, o los que recibieron un abrazo suyo… 

Seguiremos defendiendo tu legado. Que el odio no borre tus enseñanzas. Gracias por enseñarnos el camino de la Paz. Vivirás por siempre, compañero. 
¡Palabra que sí!

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