Reportajes
El balance social que deja la Fábrica de Licores del Tolima
Victoria Castillo, gerente de la Fábrica de Licores del Tolima entrega un balance sobre el desarrollo social en la factoria
Los balances de una empresa como la Fábrica de Licores del Tolima suelen medirse en ventas, participación de mercado, utilidades, transferencias al departamento o crecimiento de sus marcas. Sin embargo, al momento de evaluar su paso por la entidad, la gerente saliente, Victoria Castillo, puso sobre la mesa otro indicador: el impacto social.
Después de dos años y siete meses al frente de la empresa, Castillo aseguró que entrega una Fábrica en condiciones diferentes a las que encontró y destacó que los resultados obtenidos fueron producto de un trabajo colectivo.
“Hoy el punto de partida es muy diferente al que recibimos hace dos años y siete meses. Para mí es muy importante pensar que el trabajo que hicimos como equipo le permitió a la empresa crecer y también tener otra cara”, señaló.
Dijo Castillo, que uno de los mayores retos fue demostrar que una empresa dedicada a la producción y comercialización de licores podía desarrollar proyectos sociales capaces de generar oportunidades para sectores de la población que tradicionalmente no se relacionan con esta industria.
El deporte como herramienta social
Uno de esos proyectos surgió alrededor del deporte, particularmente mediante una alianza con el Club Deportes Tolima para apoyar procesos de identificación y formación de nuevos talentos.
La apuesta permitió vincular la marca Tapa Roja con un proyecto dirigido a niños y jóvenes del departamento, especialmente aquellos que encuentran en el fútbol una posibilidad para construir un proyecto de vida.
“Demostrar que el aguardiente puede tener una buena relación con el deporte, contra todo pronóstico, nos ayudó a encontrar el camino para abrirles puertas a muchos jóvenes y niños que sueñan con el deporte y que hoy hacen parte de la cantera del Club Deportes Tolima”, explicó Castillo.
Según la exdirectiva, mediante la alianza se recorren diferentes municipios en busca de jóvenes con condiciones deportivas que posteriormente pueden ingresar a los procesos de formación del club.
El acompañamiento, agregó, no se limita al entrenamiento. Los menores seleccionados pueden acceder a una atención más integral, que contempla aspectos como nutrición, acompañamiento técnico, formación y preparación deportiva de alto nivel.
Para la gerente saliente, este componente adquiere especial importancia cuando se trata de niños provenientes de municipios y zonas rurales donde las oportunidades educativas, económicas o deportivas pueden ser más limitadas.
“Son oportunidades de vida para muchos niños que en el campo tal vez no tengan muchas alternativas, pero que encuentran en el deporte una manera de salir adelante y de cumplir sueños”, afirmó.
Tapa Roja Solidaria, la otra cara de la empresa
Dentro de ese propósito también se encuentra Tapa Roja Solidaria, una estrategia con la que la Fábrica buscó ampliar su presencia más allá de la actividad comercial y vincularse a iniciativas de carácter social.
Castillo sostiene que este tipo de acciones demuestran que el papel de una empresa industrial y comercial del Estado no necesariamente termina con la generación de utilidades. Su condición pública también supone una responsabilidad con el territorio en el que opera y con las comunidades que finalmente son propietarias de la empresa.
“Por encima de todos los resultados, de los números que nos acompañan, para mí el legado más importante es el que puedo dejar en el corazón de una persona. En las empresas por las que he pasado siempre he buscado dejar un sello social”, expresó.
De acuerdo con Castillo, encontrar ese componente en una empresa de licores representó uno de los mayores desafíos de su administración.
“El servicio público, además de los resultados excepcionales, debe buscar transformar vidas, y eso es lo que hacemos a través de Tapa Roja Solidaria”, puntualizó.
Una empresa que pertenece a los tolimenses
Al hacer el balance de su gestión, Castillo también insistió en la necesidad de entender a la Fábrica de Licores del Tolima como un patrimonio colectivo que trasciende a quienes temporalmente ocupan sus cargos directivos.
En ese sentido, comparó su salida con una carrera de relevos: cada administración recibe una organización, avanza hasta determinado punto y posteriormente debe entregar el testigo a quienes continúan.
“Yo pienso que esto es como los relevos. Hay que entregar también el relevo a otro”, manifestó.
La gerente saliente aseguró sentirse satisfecha con el trabajo desarrollado y recordó que buena parte de los proyectos demandaron dedicación, disciplina y la decisión de avanzar incluso cuando existían dudas sobre su viabilidad.
“Soy superapasionada en mi trabajo. Días, noches, fines de semana; no me duele dedicar tiempo a los proyectos porque siempre me enamoro de ellos y me convenzo de las cosas, aun cuando mucha gente nos dijo que no se podía”, aseguró.
Por eso, una de las conclusiones que deja después de su paso por la entidad es precisamente que los proyectos públicos pueden superar las barreras cuando existe continuidad y compromiso.
“Hoy les decimos a las personas que no creían que sí se pudo. Hay que trabajar, ponerle ganas, corazón, disciplina y mucho compromiso, pero sí se puede”, puntualizó Castillo.
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