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Opinión

La teoría del miedo

La teoría del miedo

Los colombianos en estos últimos días hemos tenido que presenciar dos fenómenos sociales que aunque coexisten en tiempo y espacio, se diferencian sustancial y abismalmente el uno del otro.

El primero lo constituyen  las justas reclamaciones de un pueblo esperanzado y luego desilusionado de la lentitud del actual ejecutivo, de la desorganización de su gabinete ministerial y de la falta de unidad de criterio, que finalmente concluyen en lo que todos en la calle repiten “no tenemos Presidente”, y definitivamente es cierto, hoy carecemos de un líder con conocimiento que guie a Colombia hacia mejores aguas.

Desde el mes de octubre se convocó por varios sectores sociales a un gran paro nacional, que tuvo como fecha de realización el 21 de noviembre de 2019 (“21N”), día que ya quedó escrito en los anaqueles de la historia colombiana. 

Desde muy tempranas horas de la mañana centrales obreras, grupos sociales, estudiantes universitarios, la rama judicial y hasta la Fiscalía General de la Nacióncesaron sus labores cotidianas y pacíficamente alzaron su voz de protesta encontra de lo que ellos consideran son injusticias sociales que se han venido concretando durante décadas y que en el actual gobierno se hacen más evidentes, frente a un Presidente que en lo que lleva de mandato no muestra acciones contundentes para reparar esa deuda social con los Colombianos, sino que por el contrario, presenta proyectos de ley encaminados a profundizar en la problemática y que desconocen los motivos que llevaron a las mayorías a depositar su voto.

Las esperanzas de un pueblo depositadas en un hombre joven de solo 43 años, que mostró todo el deseo de luchar por Colombia y sus gentes y que en campaña logró el favor de las mayorías, se ven hoy en la incertidumbre y en la desilusión que va sembrando al pasar del tiempo con la falta de evidencias concretas que nos enruten hacia una Colombia social, democrática, honrada y justa.

El Segundo fenómeno es “El Vandalismo”, ese que la gran mayoría de la sociedad rechaza, que nada tiene que ver con quienes legítimamente pararon y protestaron en paz, el que surge de la izquierda radical armada, la que justifica todos los medios de lucha.  

Los que implantaron poco a poco la moda del consumo de marihuana en algunos sectores de nuestra juventud, con la mentira de que la marihuana no es adictiva y no daña la salud, y que tiene como propósitofacilitar el adoctrinamiento y contar con un ejército de “zombies” que responden a una orden y que están dispuestos a todo: a matar y robar si es necesario, ejército que se nutre además con ciudadanos que hacen parte de los cinturones de miseria y venezolanos que en ciudades como Cali son un sector tan numeroso que levantados y agitados por la oportunidad de aprovechar el desorden para hurtar y así solventar momentáneamente parte de sus infinitas necesidades.  Se hacen incontrolables y demasiado peligrosos, un pueblo sin educación, sin ley, sin nada que lo frene y que tiene un lógico dolor y odio hacia las clases sociales medias y altas que toda la vida los han mirado con desprecio.

Con este segundo fenómeno el Comunismo del Siglo XXI, busca en AméricaLatina sembrar la anarquía, caldo de cultivo que les permite acceder al poder al que por la vía del voto no logran llegar. Igualmente esos espacios de tiempo donde la autoridad está concentrada en controlar las hordas que amenazan a los contribuyentes y sus bienes, son aprovechados por los nuevos y ya reiterados modelos de delincuencia para mover grandes cargamentos de droga, armas y hasta contrabando.

No votamos por la izquierda por el miedo a terminar como nuestra vecina Venezuela; votamos por la derecha porque nos hicieron creer que nos garantizaban nuestro estilo de vida, nos mantendrían en nuestra zona de confort,  pero la derecha no ha entendido que era su última oportunidad y que la está desperdiciando. 

Así las cosas, Colombia debe dejar de votar por miedo a uno u otro candidato;  debemos urgentemente buscar el camino del centro, no del Centro Democrático (Que hasta por su nombre engaña), sino por un verdadero centro social, democrático y sobre todo honrado y honesto, que clausure definitivamente el sanitario de la corrupción que es la causa real de todas nuestras inconformidades.

*Abogado

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