Opinión
La gota fría
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, investigador, docente
En épocas de Macondo, a las borrascas, vendavales y tormentas se les denominaba la “gota fría”. Es un fenómeno en el que se encuentran dos masas de aire, una fría y otra cálida, y se generan grandes precipitaciones de lluvia que casi siempre producen un gran número de emergencias por sus efectos sobre los bosques, parques y avenidas, lo que genera angustia y caos en sus habitantes. Esto también demuestra casi siempre el desgreño y las falencias administrativas de las autoridades locales para prever el periodo de lluvias.
Semanas atrás nos agobiaban los incendios, para los cuales tampoco tuvimos una respuesta institucional coordinada y eficiente. Lo que vimos fue la salida por la tangente de las autoridades para decirnos que era culpa de Petro y de sus seguidores; sin embargo, el Comité Ambiental, sin escarbar muy profundo, demostró que esa práctica ancestral de quema la ejecutaban tanto funcionarios de Cortolima como humildes campesinos. Por lo tanto, usar la misma disculpa para este periodo invernal resulta soso, insulso y torpe.
Según el censo del arbolado urbano realizado por Cortolima en 2017, existen más de cien mil árboles en la ciudad que requieren cuidado de mantenimiento, poda y nutrición de forma periódica, algo que rara vez realizan la Alcaldía y la corporación.
Lo mismo ocurre con el sistema de alcantarillado y los sumideros públicos, donde parece que no existe ninguna rutina de limpieza y mantenimiento. Al contrario, con el primer aguacero la ciudad se sumerge en el caos en cuanto a su movilidad y la seguridad de sus pobladores y, como vimos esta semana, en el “desteje” del Teatro Tolima, donde los estudiantes y padres de familia asistentes a su grado quedaron prácticamente en total indefensión frente al descuido de su mantenimiento.
Lo mismo sucedió en los barrios de la ciudad, sin importar el estrato social, donde los arroyos, los cortes de energía por árboles caídos y las inundaciones de alcantarillas exponen a sus pobladores a estas emergencias innecesarias que se pueden solucionar con funcionarios capacitados, una buena planificación y la asignación de sus respectivos recursos.
Con las primeras gotas, el sistema de semaforización colapsa en avenidas clave, lo que genera un caos automovilístico monumental, donde los agentes de tránsito brillan por su ausencia. Al día siguiente, la ciudad es un campo arrasado; los noticieros relatan los sucesos, pero no son críticos ni propositivos sobre la responsabilidad institucional de las autoridades, teniendo en cuenta que todo este caos nos lo cobran en los recibos de los servicios públicos.
Por ejemplo, lo único que oímos del IBAL es que se convirtió desde hace muchos años en un semillero de candidatos a la Gobernación y a las alcaldías, pero es poco eficiente para el cumplimiento misional de sus funciones.
- Lea también: ¡300 mil millones de razones, para decir no!
Como ciudadanos y víctimas, solo nos corresponde decir que el fenómeno de la gota fría es más fácil volverlo vallenato que una política ambiental y de prevención en la ciudad musical.
ZONA DE DISTENSIÓN:
En las redes circulan versiones que animan al “supremo” del Partido Conservador a realizar alianzas y mantener su candidatura; pero la posición de los Gómez y del presidente Abelardo es crear su propio partido, dejando por fuera a las colectividades tradicionales. Se presiente que al exgobernador Barreto le puede caer la “gota fría”.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771