Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Opinión

La “completencia”, un ejemplo a seguir

La “completencia”, un ejemplo a seguir

Por Oscar Viña Pardo

Los colombianos empezamos a mirar con ojos diferentes la Vuelta a España de 2016 gracias a la gran actuación de nuestros ciclistas, quienes nos demostraron que, además de su profesionalismo, fue su disciplina, humildad y capacidad de sacrificio lo que permitió alcanzar resultados históricos. Cada pedalazo fue una lección de carácter y cada ascenso una metáfora de la vida. Una nación como la nuestra, que clama por referentes positivos, encontró en ellos un ejemplo digno de ser contado a las nuevas generaciones.

La competencia es necesaria en todos los escenarios de la vida porque nos exige dar lo mejor de nosotros mismos. Así quedó demostrado en cada una de las etapas, especialmente en las de alta montaña. Sin embargo, la "completencia" propone una dimensión diferente: una manera de competir que incorpora valores, impone códigos éticos y nos recuerda que el verdadero triunfo también consiste en ayudar a crecer al otro. No se trata de vencer por encima de los demás, sino de superarnos junto a ellos.

En la antepenúltima etapa de esta carrera, la segunda más importante del ciclismo mundial, el británico Chris Froome, quien ocupaba el segundo lugar de la clasificación general, realizó un gesto que terminó siendo más grande que cualquier posición en la tabla. Al cruzar la meta aplaudió al campeón de la Vuelta, Nairo Quintana. Aquel aplauso no fue un acto protocolario; fue el reconocimiento sincero de que la excelencia también sabe inclinar la cabeza frente a otra excelencia.

El deporte no vive únicamente del espectáculo que ofrecen sus protagonistas. También se alimenta de esos gestos sencillos que revelan la grandeza humana: reconocer en el otro sus cualidades, sus virtudes y su esfuerzo. Esa actitud solo nace de la educación, de la formación recibida en el hogar y de la convicción de que siempre debemos aspirar a ser mejores, pero jamás a costa de la dignidad de los demás.

En el Tolima este hecho debería invitarnos a reflexionar sobre muchas de las dinámicas que vivimos, especialmente en Ibagué, ciudad que ha ganado relevancia nacional gracias a decisiones acertadas de su administración. Ser competitivo no significa caminar en solitario; también implica reconocer el valor de quienes hacen parte del proceso y comprender que la construcción colectiva multiplica los resultados, porque, al final, uno más uno siempre puede ser mucho más que dos.

Los ejemplos son muchos. Quizá el que más me impacta es el trabajo que realiza el Ejército Nacional en los barrios, mediante el convenio firmado con la Alcaldía para el mejoramiento de vías y fachadas de viviendas. Estas acciones muestran una institución cercana a la comunidad, comprometida con la transformación de los territorios y con la construcción de nuevos imaginarios donde la solidaridad, el respeto, la educación, el trabajo y la disciplina dejan de ser simples palabras para convertirse en acciones concretas. Las obras también educan cuando nacen del servicio.

Necesitamos que nuestros niños y jóvenes crezcan inspirados, no únicamente por las noticias judiciales, sino por historias capaces de sembrar esperanza: los deportistas que han llevado en alto el nombre de Colombia, quienes defienden el agua por encima del oro o los soldados que trabajan hombro a hombro con las comunidades. Todos ellos representan esa "completencia" que nos invita a dar siempre lo mejor sin destruir al otro, reconociendo que el éxito compartido fortalece a toda la sociedad. Porque las naciones verdaderamente grandes no son las que producen más vencedores, sino las que forman mejores seres humanos.

*La palabra "completencia" es responsabilidad del autor de esta nota.

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados