Opinión
FELIT demuestra que el Tolima tiene otras expresiones culturales
Por: Edgardo Ramírez Polanía
La cultura de la ciudades no solo se mide por un conjunto de expresiones y tradiciones como la música, el folclor y la gastronomía, sino que existen otras formas que ayudan al perfeccionamiento del carácter en los individuos como la literatura que debe ser universal en su manifestación y manejo.
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FELIT Tolima 2025, no tuvo buena organización porque se estaba ensayando un certamen internacional. Era la primera Feria Internacional del Libro que se realizaba en el Tolima y se llevó a cabo en un parque importante, con toldos blancos que daban un aspecto de sudarios al viento, que no fue lo mejor en presentación, porque la cultura por sí misma debe poseer las mejores expresiones del espíritu.
Sin embargo, FELIT Tolima 2026, tuvo un cambio favorable y significativo en la organización con la colaboración de Pijao Editores y la Gobernación del Tolima, que había prometido la participación en este importante certamen de las letras.
Las exposiciones que se llevaron a cabo en la sala Eduardo Santa tuvieron esplendor y elegancia, tanto en su presentación como en el contenido de las obras expuestas, tal es el caso, del libro 'Figuras estelares del liberalismo', de Alberto Santofimio Botero, que fue nutrida y en el que la presentación el autor casi superaba el contenido de la obra por los apuntes biográficos de los personajes.
Pero no todas las presentaciones tuvieron la misma visibilidad que requieren los actos culturales que poseen un lenguaje. La ubicación y la visibilidad que se conceden a un autor constituyen, quieran o no, una forma de reconocimiento, respeto por el autor y quienes lo acompañan.
En el caso del suscrito columnista, expreso mi público reconocimiento a los escritores Jorge Eliécer y Carlos Orlando Pardo, por la presentación decorosa y profunda realizada sobre la novela de mi autoría 'El día que terminó el poder'. Una novela que nace en las llanuras de El Espinal, se desarrolla en el Guamo, Ibagué y Bogotá.
Ha existido en algunas capitales de departamentos la falsa creencia que solo por su lugar geográfico, son capaces de generar el progreso, la cultura y la capacidad para examinar los hechos de la sociedad y que la literatura y las artes solo se desarrollan en ellas. Un libro puede escribirse en el Japón y referirse a Coello Tolima, donde nacieron los versos de Álvaro Mutis.
En otros casos el ornamento del lugar o sala de la presentación no tenía correspondencia con el contenido de las obras. Se les hacía una excelente presentación por parte de la editorial y se les ubicaba en los lugares más apartados sin los elementos de apoyo para las conferencias como se pudo observar en la sala donde se presentó el tema de las tragedias como la de Armero en que intervinieron con lucidez Augusto Trujillo Muñoz y Jairo Rivera Morales.
Quienes escribimos sabemos que el destino de un libro no depende del lugar físico que ocupe en una feria, ni de una mesa, ni del ornamento que acompañe su presentación. Una obra encuentra finalmente su sitio en la conciencia de los lectores y es el tiempo el encargado de concederle permanencia o silencio.
La Literatura no debe contener estratificaciones como las facturas de los servicios públicos.
Si un libro es publicado por una editorial con experiencia, es porque reúne los requisitos formales, de contenido y cierta calidad que observa el editor. Ya será el lector quien le otorgue el veredicto de su importancia.
Pero, ocurre que aquello que se considera extraordinario por la divulgación comercial puede resultar sin la calidad literaria, mientras que obras que llegan a un buen lector se difunden rápido por contener superiores elementos en su contenido.
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No todo lo que se escribe es bueno, ni todo escritor por experimentado que sea, está exento de errores y de la crítica por parte de los especialistas en el arte de escribir. A veces existe cierta indulgencia del lector a determinados escritores en los giros, la continuidad y tono del texto del autor, que por su trayectoria o/y admiración debemos cuidar.
Las ferias del libro deberían ser territorios de igualdad intelectual. Cada autor llega a ellas después de años de trabajo, silencios, correcciones e incertidumbres, y detrás de cada libro existe una historia que merece consideración.
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