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Zharick Yuliana Silva Rincón, la mujer que encontró en el café su voz y su camino

Zharick Yuliana Silva Rincón, la mujer que encontró en el café su voz y su camino

Hay historias que no comienzan con una taza de café, pero sí terminan encontrando en ella su sentido. La de Zharick Yuliana Silva Rincón, Zharick, como la llaman quienes ya la reconocen en la barra de insignia Coffe, la tienda de café número uno en el tolima, cuarta en Colombia y 30 en América Latina de acuerdo con el concurso The Best Coffe Shop 2025 es una de esas.

 

Antes de que el vapor del café le dibujara el futuro, su mundo estaba en Santiago Pérez, un corregimiento de Ataco donde la tierra no se discute: se trabaja. Allí creció, entre montañas que enseñan a madrugar y silencios que obligan a escuchar. Era una de tres hermanos que entendieron pronto que quedarse no era renunciar, sino transformarse.

Zharick no alcanza aún los 20 años, pero carga en su historia una decisión que cada vez más mujeres rurales están tomando: estudiar para volver al campo con otro lenguaje. Primero fue el SENA, en El Espinal, donde descubrió que el café no era solo cosecha, sino ciencia, aroma, técnica y narrativa. Luego llegó la Universidad del Tolima, donde hoy cursa Ingeniería en Agroecología, como si su vida fuera tejiendo, poco a poco, un puente entre la tradición y el conocimiento.

Su padrino es Jhon Espitia, un caficultor de Dolores Tolima, el propietario de Insignia Coffe, el lugar donde trabaja, pero también donde aprende de una de las autopridades en materia de café en el Tolima. Por eso, desde este espacio laboral cuenta con todas las herramientas posibles para llevar con éxito su proceso profesional y muy pronto su proyecto empresarial.

Pero hubo un momento preciso en que todo cambió.

Fue al final de la pandemia, cuando se inscribió casi por curiosidad en un curso de catación en Planadas. “Fue amor a primera vista”, dice. Y no exagera. Porque hay encuentros que no se explican: se sienten. Ese “clic” fue el inicio de una relación distinta con el café, una relación que ya no se limita al cultivo, sino que explora sus procesos, sus sabores y su valor en el mundo.

Ese mismo impulso la llevó a formarse como una de las primeras técnicas en servicios de barismo del SENA en el Espinal. Y desde allí, el camino empezó a abrirse. Llegó a Insignia Coffee, donde encontró no solo trabajo, sino una escuela. Aprendió de café, sí, pero también de disciplina, de carácter, de entender que una taza puede ser tan precisa como una fórmula, pero tan humana como una conversación.

En la barra, Zharick no solo sirve café: cuenta historias. Y en las competencias encontró otra forma de decirlas. Ganó el primer lugar en catación en Planadas hace poco más de un año. No fue casualidad. Fue la confirmación de que las mujeres están dejando de ser espectadoras en el gremio cafetero para convertirse en protagonistas.

Y ahí es donde su historia deja de ser solo personal.

En Colombia, según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, cerca del 30% de los productores de café son mujeres, muchas de ellas liderando procesos productivos y comunitarios. En el Tolima, uno de los departamentos con mayor crecimiento en café especial, su participación es cada vez más visible en toda la cadena: desde la siembra hasta la comercialización y el barismo.

Zharick lo entiende. Por eso sueña en colectivo.

Puede leer la historia de Jhon Espitia, propietario de Insignia Coffe, la mejor tienda de café del Tolima y cuarta de Colombia

Habla de crear un grupo de mujeres baristas en el Tolima, pero en realidad está hablando de algo más profundo: de construir comunidad. De generar espacios donde aprender café sea tan importante como aprender a hablar en público, a manejar dinero o a reconocerse en la otra. “No es solo aprender, dice, es unirnos”.

En su voz no hay discurso: hay convicción.

Mientras avanza en su carrera universitaria, combina el conocimiento técnico con una mirada más amplia del campo. Sabe que el café necesita ciencia, pero también necesita sensibilidad. Que la tierra no solo se trabaja: se interpreta. Y que el futuro del campo pasa por quienes deciden quedarse, pero quedarse de otra manera.

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En esa mezcla de juventud, disciplina y raíz campesina, Zharick representa a una generación que ya no acepta los límites tradicionales. Mujeres que no solo cultivan café, sino que lo prueban, lo estudian, lo venden y lo cuentan. Mujeres que entienden que el empoderamiento no es una palabra de moda, sino una práctica diaria.

Al final, cuando la jornada termina y el ruido de la máquina de espresso se apaga, queda una certeza:

El café sigue siendo el mismo grano.
Pero las manos que hoy lo transforman… ya son distintas.

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