Economía
El rosado que identifica al Tolima también se construye desde la planta
Imagen de referencia
El rosado tiene poder para diferenciar. Es un color que tradicionalmente ha estado relacionado con la mujer, pero que en Ibagué tiene además una conexión especial con el paisaje: es el color de los ocobos que durante su floración transforman calles, parques y avenidas de la ciudad. Esa identidad fue llevada a una botella por la Fábrica de Licores del Tolima para construir alrededor del Aguardiente Rosado una imagen que permite reconocerlo fácilmente entre otras referencias del mercado.
Hoy esa apuesta tiene dos alternativas dentro del portafolio: el Aguardiente Rosado del Tolima original y el Aguardiente Rosado del Tolima sin azúcar. La segunda referencia fue desarrollada para responder a nuevas tendencias de consumo y cuenta con 24 grados de alcohol; conserva el rosado como protagonista de su identidad visual y está igualmente inspirada en el florecimiento de los ocobos de Ibagué.
Antes del rosado hay todo un proceso
Pero antes de convertirse en una botella que llama la atención por su color, el Rosado tiene una historia que ocurre puertas adentro de la Fábrica de Licores del Tolima. En su planta, las botellas avanzan por una línea de producción en la que intervienen maquinaria, equipos y personal especializado encargado de acompañar las diferentes etapas de elaboración, llenado, acondicionamiento y verificación del producto.
La operación requiere seguimiento permanente. Mientras la maquinaria permite desarrollar las diferentes fases de la producción, el talento humano supervisa los equipos y las condiciones del producto antes de que cada botella termine su recorrido y quede preparada para salir hacia los canales de distribución.
Y hay otro dato que conecta de manera particular el rosado con las mujeres. Más del 60 % del equipo de trabajo de la Fábrica de Licores del Tolima está integrado por mujeres, quienes participan en diferentes áreas, desde procesos operativos de planta hasta labores administrativas y de servicio. Una presencia femenina que también hace parte de la historia que existe detrás de los productos elaborados por la empresa tolimense.
De los ocobos a la botella
El vínculo entre el producto y la ciudad no es solamente publicitario. La propia Fábrica señala que el Rosado fue inspirado en los ocobos de Ibagué, árboles cuya floración cubre de rosa diferentes sectores de la capital tolimense. De acuerdo con información divulgada por la Gobernación, en la zona urbana de la ciudad se habían identificado más de 3.680 ejemplares, y cada 17 de septiembre se conmemora el Día del Ocobo en Ibagué.
Ese elemento natural terminó convertido en parte de la identidad de un producto. La versión original abrió el camino y posteriormente llegó el Rosado sin azúcar, cuyo permiso de producción y comercialización fue aprobado por el Invima en 2025. La nueva alternativa amplió la propuesta sin abandonar aquello que permite reconocer inmediatamente la referencia: su color.
Así, cuando una botella sale de la planta comienza otra parte de su recorrido. Atrás quedan la línea de producción, los controles, la maquinaria y las personas que participaron en su elaboración. Hacia adelante están los distribuidores, puntos de venta y consumidores.
El resultado es un aguardiente que convirtió el rosado en una declaración de identidad: el color de los ocobos que florecen en Ibagué, un tono históricamente relacionado con las mujeres —que hoy representan más del 60 % del equipo de la FLT— y un elemento diferenciador que acompaña las dos versiones del Aguardiente Rosado del Tolima antes de llegar a la copa.
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