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¿Necesita Ibagué un nuevo estadio?
En la ciudad de Coquimbo, Chile, con una población cercana a los 300.000 habitantes, se levanta imponente el estadio Francisco Sánchez Rumoroso, donde esta tarde (5:00 p.m. hora colombiana) juega Deportes Tolima. Foto Olminso García Izquierdo. Fotos: Olminso García Izquierdo
El grueso de la afición seguidora de Deportes Tolima ha revivido en los últimos días un debate que desde hace años gravita en la capital musical: el estado del Manuel Murillo Toro.
“Es hora de que Ibagué piense en un nuevo estadio”, es la premisa que se ha tomado las redes sociales y las tertulias futboleras. Por supuesto, este anhelo viene acompañado de una aclaración justa: no se trata de demoler la infraestructura existente, sino de ejecutar una remodelación de fondo.
“Pero que no sea una refacción menor ni menos de remiendos, como ha sido la costumbre. Aquí se debe hacer una intervención estructural, bien diseñada y planificada, para que por fin sintamos orgullo de un escenario moderno y funcional”, afirma Ulises Peralta, comerciante espinaluno radicado en Bogotá y fiel seguidor del club tolimense.
En ese mismo sentido se expresó Olminso García Izquierdo, quien acompaña al equipo en territorio chileno y ya prepara su viaje a Lima para el cierre de la fase de grupos. “El estadio de Coquimbo tiene casi la misma capacidad del Murillo Toro, pero es estéticamente superior. Cuenta con una cubierta imponente que abarca todas las tribunas, está impecable y luce muchísimo. Tiene un aire al del estadio de Pereira”, relató García, evidenciando la envidia de la buena que sienten los hinchas pijaos al viajar al exterior.
El desafío de estar a la altura de Sudamérica
En el fútbol moderno, los estadios son mucho más que canchas y graderías; se han convertido en las tarjetas de presentación y las vitrinas internacionales de las ciudades. Gracias a las constantes clasificaciones del Deportes Tolima —que acumula más de dos décadas siendo protagonista en Copa Libertadores y Copa Sudamericana—, Ibagué tiene una ventana al mundo que no está aprovechando del todo.
¿Comparación odiosa?
Actualmente, el Grupo B de la Conmebol Libertadores 2026 expone realidades drásticamente opuestas en cuanto a infraestructura. Mientras el 'Vinotinto y Oro' sufre por la falta de un techo digno y un diseño unificado, sus rivales de grupo exhiben estadios que operan como unidades de negocio y símbolos de orgullo regional.
Estadio Gran Parque Central de Montevideo, Uruguay, con una capacidad de 34.000 espectadores con palcos VIP de última generación. El Monumental de Lima, Perú, con capacidad de 80.000 aficionados es propiedad del club Universitario, funciona como una unidad de negocio. El Francisco Sánchez Rumoroso de Coquimbo, Chile con una capacidad para cerca de 20.000 espectadores. Tiene cubierta total estética (diseño de barco), excelente sillería e iluminación.
El ‘Coloso de la 37’
Manuel Murillo Toro de Ibagué, 28.000 espectadores, sin cubierta integral, parches arquitectónicos. Ofrece una imagen de "quedado". Pese a las refacciones realizadas en 2020 —que mejoraron las luminarias LED, las zonas de prensa y los camerinos por exigencia de la Conmebol—, el Murillo Toro sigue proyectando una imagen anticuada frente a sus pares internacionales.
Su estructura, construida por etapas y remendada tras distintas crisis (como la de los Juegos Nacionales), no logra competir con la vanguardia visual de Lima, la pulcritud de Coquimbo o la tradición modernizada de Montevideo.
El Manuel Murillo Toro es un gigante noble que pide a gritos más que simple pintura. Ibagué merece un escenario que no solo sea funcional para cumplir el reglamento, sino que resulte visualmente impactante. La Copa Libertadores 2026 debe ser el catalizador definitivo para que las autoridades locales y la dirigencia deportiva entiendan que el estadio es el espejo donde el continente mira a la ciudad. No basta con retoques cosméticos; el Tolima y su gente merecen un templo del fútbol a la altura de su historia.
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