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Cuentas pendientes en el altar de Balcanes en El Espinal
Imagen de referencia de la casa donde ocurrió el violento hecho.
La noche del martes 15 de septiembre, la tranquilidad del barrio Balcanes se rompió con el hallazgo de tres cuerpos sin vida al interior de una residencia. Las víctimas, “Elkin” (35 años), Alejandro Castro González (25) y Arfred Rentería (21), yacían en el suelo del inmueble que llevaba apenas cuatro meses en arriendo. Dos de ellos habían llegado recientemente desde Villavicencio, mientras el tercero era nativo de la localidad, marcando el inicio de un rastreo sobre sus últimos pasos.
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Al cruzar la puerta, los peritos judiciales no solo encontraron evidencia del ataque sicarial, sino también la escenografía de un oficio oscuro. En uno de los cuartos se levantaba un altar repleto de velas, esencias y figuras destinadas a la santería, flanqueado por paquetes de sustancias estupefacientes. La vivienda pertenecía a un hombre que la había cedido a un tercero apodado Jorge, quien casualmente viajó hacia los Llanos Orientales horas antes del crimen, argumentando que familiares suyos ocuparían el lugar.
La presencia de los dos hombres procedentes del Meta no era casualidad en un municipio donde especialmente la llamada "brujería llanera" se transformó en un negocio rentable. A través de publicidad en los postes, volantes entregados mano a mano, clasificados en periódicos, programas de radio, locales esotéricos y hasta redes sociales, estos grupos ofrecen amarres de amor, curaciones y entierros dirigidos a doblegar la voluntad o arruinar la vida de terceros. La práctica atrae a clientes de todo perfil que buscan en velas negras, fluidos corporales y tierra de cementerio las respuestas que la ley o la medicina no les otorgan.
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Sin embargo, el comercio de la fe y el engaño cargaba ya un historial sangriento en la conocida “Ciudad de la Tambora”. Años atrás, las estafas cometidas contra clientes extranjeros —incluyendo pagos remitidos desde México por integrantes de carteles de la droga— terminaron en ajustes de cuentas. Las sumas cobradas por hechizos no cumplidos provocaron el envío de emisarios armados para cobrar con sangre las deudas de los supuestos chamanes.
A ese trasfondo místico se suma la delincuencia común y el control territorial del microtráfico que hoy azota a la segunda ciudad del Tolima. El mapa de violencia en el municipio alcanzó un punto crítico en este 2026, acumulando más de 40 homicidios a mediados de septiembre. Esta cifra duplica con creces los 20 casos registrados a lo largo de todo el año 2025, evidenciando una escalada de ataques sicariales y disputas entre bandas organizadas.
Entre la mezcla de sustancias y velones consumidos, los investigadores intentan descifrar qué buscaban exactamente los tres jóvenes en esa casa antes del ataque. La reconstrucción de sus redes de contactos en el Meta y el análisis de los antecedentes judiciales de uno de los fallecidos son las principales líneas de trabajo. Las autoridades buscan determinar si el móvil responde a una estafa esotérica fallida o al control de la venta de droga en el sector.
Mientras la zozobra se apodera nuevamente de los vecinos de Balcanes, la alcaldía mantiene el ofrecimiento de hasta $10 millones de recompensa por datos certeros. Las pesquisas continúan bajo reserva para dar con el paradero de los sicarios y aclarar la suerte de Jorge, el arrendatario cuyo viaje repentino dejó abierta una de las principales incógnitas del caso.
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