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Esta marcha que no se detendrá…

Esta marcha que no se detendrá…

Salvador Allende, Pablo Neruda, Miguel Henríquez, Víctor Jara... Presente y combatiendo por la vida, la justicia social, la soberanía nacional y la dignidad de todos los chilenos. Como en el canto dolorido que hoy se hace himno triunfante, allá, debajo de la tierra, ellos —¡hermanos, compañeros!— no están dormidos... Sus corazones oyen brotar la primavera, ahora, cuando nace la “luz de un nuevo día”. 

Hoy son Chile, Argentina, Bolivia; mañana será Ecuador... ¿Acaso tú, Colombia de mis amores y desasosiegos?. El viento  que viene del sur acompañando al fantasma que recorre a Nuestra América: el fantasma de la  restauración democrática y el cambio de verdad, secuestrados por enconados enemigos de la transformación de una época de cambios en un cambio de épocas en el que nuestros territorios y pueblos se encuentran, realizándose. 

“Esta marcha de gigantes dormidos que despiertan, ya no se detendrá. Será para formar hombres y mujeres nuevos que estén a la altura de nuestros pueblos y se hagan a la medida de nuestros sueños”

La larga marcha de la patria grande, sojuzgada por los grandes poderes coloniales y traicionada por desventurados que en mala hora también brotaron de sus entrañas. El proceloso camino hacia las colinas de la historia, en las cuales Bolívar espera la realización de aquel sueño vitalista y cósmico que su espíritu visionario atisbó: “En la libertad del Nuevo Mundo está la esperanza del universo”. 

Para allá vamos, Luis Emilio Recabarren. Porque esta marcha de gigantes dormidos que despiertan, ya no se detendrá. Será para formar hombres y mujeres nuevos que estén a la altura de nuestros pueblos y se hagan a la medida de nuestros sueños... Y “para que todas y todos vivamos bien”, como tú lo dijiste elevando una convocatoria desde ese Chile grande cuyas telúricas conmociones hoy hacen trepidar a todo el hemisferio occidental.

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