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Opinión

Contrapunto

Contrapunto

El Museo de Arte del Tolima, su casa, el espacio que él mismo soñó, construyó y catapultó como el mejor museo de provincia del país  inaugura su exposición Contrapunto.

El arte y la cultura están de fiesta: Darío Ortíz, el gran pintor ibaguereño, vuelve al Tolima aunque en realidad, nunca se ha ido. El Museo de Arte del Tolima, su casa, el espacio que él mismo soñó, construyó y catapultó como el mejor museo de provincia del país  inaugura su exposición Contrapunto. Darío regresa para contarnos nuevas historias.

Ortiz encuentra en la mitología íntima, un espacio en el que la historia se narra fuera del tiempo en el que parece circunscribir cada obra. Para el espectador, es casi una experiencia lúdica, pero con una gran carga narrativa. Las múltiples historias que respiran en sus lienzos, habitados por personajes que parecieran pertenecer a cualquier cultura, a cualquier tiempo, cuentan una historia que nace y muere en la carne de sus figuras y que trasciende al tiempo inexistente de la reflexión.

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Sus relatos, plásticos, sorprendentes, autobiográficos, cuentan un universo personal, cargado de simbología pero a su vez absolutamente ligado a la contemporaneidad. Ortiz cuenta su tiempo. Sus personajes narran historias íntimas, envueltos en los mantos de sus propios sueños, y nos regalan, en medio de la reflexión, nuestra propia condición humana, plagada de triunfos y derrotas.

Darío Ortiz basa su experiencia narrativa en un hecho detenido del tiempo: la interiorización de la experiencia. Su historia personal se puede leer a lo largo de sus diferentes momentos plásticos, entregándonos en cada composición una suerte de performance que narra historias desde diferentes planos, en una teatralidad del absurdo que nos liga indefectiblemente a nuestra propia vida.

Si. Darío Ortiz ha regresado, aunque jamás se ha marchado. Desde su estudio en México o España o en sus viajes itinerantes por medio mundo, sigue soñando Ibagué. Sigue pensando, como lo hace desde los tiempos en que fue catalogado de loco por creer que podría construir un museo, en cómo construir una mejor ciudad, una ciudad en la que el arte y la cultura nos represente, en la que el arte y la cultura sean el espacio de la convivencia, en la que el arte y la cultura no identifiquen, nos diferencien.

Hoy, cuando la cultura no aparece en los discursos de los candidatos (ni en los de los gobernantes de turno), cuando los presupuestos no muestran el supuesto interés de los mandatarios, cuando la cultura ni siquiera existe en las grandes (pequeñas) discusiones de los empresarios, es tiempo de volver a escudriñar en las historias de Darío, en los sueños de Darío, es tiempo de volver al Museo y recordar que son los artistas y los deportistas (olvidados por el estado) quienes nos representan y que es el arte y la cultura la que señala el futuro.

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