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Senador Duvalier Sánchez y el desafío del relevo político

Senador Duvalier Sánchez y el desafío del relevo político

Por Henry Rengifo Hernández


El fútbol y la política comparten una misma obsesión: la búsqueda incansable del relevo. Así como en las tribunas de los estadios argentinos se observa con atención a cada nueva promesa en busca del sucesor de Messi, en los pasillos del Congreso de la República y en los corrillos políticos del país la atención también gira en torno a quienes están llamados a recoger las banderas cuando las grandes figuras de la política colombiana de las últimas décadas decidan dar un paso al costado.

En este escenario, y en el comienzo de un nuevo periodo legislativo y de gobierno, empiezan a aparecer los rostros de una nueva generación política. Entre los nombres que comienzan a ganar protagonismo sobresale el del senador de la Alianza Verde, Duvalier Sánchez Arango. Oriundo del municipio de Giraldo, Antioquia, pero con un liderazgo forjado y consolidado en el Valle del Cauca, Sánchez, a sus 36 años, ha conseguido reconocimiento por sus debates rigurosos, respetuosos y bien fundamentados.

A su preparación académica y trayectoria política se suma una capacidad de comunicación que fortalece su perfil público. Es politólogo de la Universidad del Valle, especialista en Innovación y Ciudades Inteligentes de la Universidad Externado de Colombia y magíster en Gobierno Público de la Universidad Icesi. Su capacidad de liderazgo ya había quedado en evidencia durante su paso por la Cámara de Representantes (2022-2026), y ahora, con su llegada al Senado, comienza a consolidarse como una de las voces a tener en cuenta en el ejercicio del control político.

Su reciente participación en el debate promovido por el senador Iván Cepeda al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, el senador Sánchez dejó ver la dimensión de un congresista que busca hacerse un lugar entre las figuras de mayor peso en el Legislativo. Con firmeza y argumentos técnicos, cuestionó los vacíos de la política agraria y la desprotección del campesinado, proyectándose como una de las voces más críticas de la bancada opositora.

Mientras en las filas del Centro Democrático todavía está por verse quién asumirá el liderazgo que eventualmente deje el expresidente Álvaro Uribe, y en los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, se advierte una preocupante escasez de nuevos cuadros capaces de renovar sus liderazgos históricos, en el sector progresista comienzan a aparecer figuras que podrían recoger parte del legado político de Gustavo Petro. En ese escenario, el nombre de Duvalier Sánchez empieza a ganar espacio como una de las apuestas del relevo generacional.

Pero ejercer una oposición rigurosa y frontal en Colombia no está exento de riesgos. En un país atravesado por la inseguridad, la intolerancia y la polarización, la integridad de quienes ejercen el control político debe ser una garantía democrática. El liderazgo de Duvalier Sánchez representa una expresión de esa democracia viva que el país no puede darse el lujo de poner en riesgo. Proteger su vida y garantizar las condiciones para el libre ejercicio de su actividad legislativa no es un favor a una colectividad política: es una obligación del Estado y una condición indispensable para la renovación del debate público.

La preocupación adquiere mayor relevancia tras el reciente atentado del que fue víctima quien fuera su fórmula a la Cámara de Representantes y alcalde de Jamundí, hecho en el que perdió la vida su escolta. Un episodio doloroso que, más allá de sus implicaciones políticas, vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de quienes ejercen liderazgos públicos en territorios golpeados por la violencia.

Ahora bien, el senador Duvalier Sánchez, a quien distintas voces comienzan a señalar como una de las esperanzas de la nueva política colombiana, no debe perder de vista que el mayor desafío en la vida pública no consiste simplemente en emerger, sino en mantenerse a la altura de las expectativas. La ciudadanía que hoy observa con interés su desempeño espera que la firmeza, la rectitud y la responsabilidad que ha mostrado hasta ahora no terminen diluyéndose entre las tentaciones y las dinámicas propias del poder.

Reconocer un liderazgo emergente también implica mantener una mirada crítica sobre su evolución. Colombia necesita que la coherencia que hoy se le reconoce al senador Sánchez se convierta en una brújula permanente de su actuación pública. De lo contrario, lo que comienza a perfilarse como una prometedora renovación política podría terminar convertido en una desilusión más. Porque el país no necesita únicamente nuevas figuras: necesita nuevos liderazgos capaces de demostrar que la política todavía puede ejercerse con carácter, rigor y credibilidad.

POSDATA. A propósito de los liderazgos que comienzan a destacarse en el Congreso de la República, vale la pena mencionar a los representantes del Pacto Histórico por el Tolima, Marco Emilio Hincapié y Renzo García, quienes no han sido inferiores a las expectativas que despertaron sus elecciones, particularmente después de la vara alta que les dejó Martha Alfonso. Su trabajo legislativo ha mostrado resultados y merece reconocimiento. Y por qué no destacar también al senador Santiago Barreto, quien, a diferencia de su tío Óscar, ha conseguido una figuración importante durante estos primeros tres meses de actividad legislativa.

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