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Opinión

Reconstruir Macondo: oportunidad que el Tolima no puede dejar morir

Reconstruir Macondo: oportunidad que el Tolima no puede dejar morir

Por Henry Rengifo Hernández


Casi por unanimidad, la crítica y el público han calificado la adaptación televisiva de ‘Cien años de soledad’ como un rotundo éxito. La obra cumbre de Gabriel García Márquez superó con creces la difícil prueba audiovisual gracias al talento de sus directores, guionistas y al despliegue de una producción que no escatimó esfuerzos para darle vida al universo mágico ideado por nuestro premio Nobel.

Para orgullo de nuestra región, ese milagro cinematográfico tuvo su epicentro en el corazón del Tolima. Fue en la hacienda Arizona, en el municipio de Alvarado, donde se levantó Macondo con toda la dimensión y el rigor histórico que exigía la historia de la familia Buendía. Contar con semejante privilegio no fue una simple casualidad, sino una fortuna histórica que ubicó al Tolima en la cima del mapa cultural y cinematográfico no solo del país sino del universo.

Desde el inicio del proyecto, surgió de manera natural una idea revestida de toda lógica: conservar la escenografía una vez concluido el rodaje para convertirla en un atractivo turístico de talla internacional. ¿Cuántas miles de personas, fascinadas por las páginas de García Márquez y por las imágenes grabadas en la pantalla, no desearían caminar por esas mismas calles de tierra, contemplar la casa de los Buendía, la tienda de Catarino o la Calle de los Turcos, y respirar la atmósfera del pueblo más famoso de la literatura hispanoamericana?

Lamentablemente, esa ilusión pareció venirse a pique debido a las exigencias narrativas de la segunda temporada, en la que el pueblo, fiel al destino trágico de la novela, es destruido en gran parte.

El escritor y periodista Alexander Velásquez, en su fino texto recién publicado ‘¡Viva Macondo! Guardemos luto por Macondo’, reflexiona sobre la magnitud del esfuerzo de producción y el legado que deja la serie. Pero, sobre todo, deja en el aire una pregunta fundamental que nos interpele directamente: “Para perpetuar el luto por Macondo, sería lindo reconstruirlo todo para deleite de los turistas y en gratitud con el municipio de Alvarado, en el Tolima, que sirvió de locación. ¿Hay voluntad para emprender una empresa de tales alcances?”

La inquietud es tan pertinente como urgente. Si este pueblo ficticio hubiese sido construido en regiones con un arraigado sentido de visión empresarial como Antioquia, por ejemplo, no cabe duda de que sus dirigentes ya estarían moviendo cielo y tierra para restaurarlo, articular al sector público y privado, y posicionarlo como un referente turístico imperdible del país.

En el Tolima debemos darnos la presunción de que sí existe esa misma visión y liderazgo. Reconstruir Macondo y dejarlo tal como lució en la primera temporada de la serie no es un capricho; es una inversión estratégica en turismo cultural, generación de empleo y desarrollo local y regional.

Macondo está en el corazón del Tolima. Permitir que este importante lugar ficticio de García Márquez hecho realidad en Alvarado termine en polvo y olvido sería un hecho lamentable. La mesa está servida y el camino trazado; solo hace falta que las voces oficiales, los gremios y la sociedad civil sumen voluntades para hacer realidad esta empresa.

 

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