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El espejismo del defensor: Adriana Cely desenmascara a De la Espriella
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Detrás de las pantallas y los discursos del ahora creyente Abelardo de la Espriella se esconde el dolor silenciado de las víctimas que alguna vez usó como trampolín. Adriana Cely, hermana de Rosa Elvira Cely —la mujer cuyo brutal asesinato en 2012 dio nombre a la ley que tipificó el feminicidio en Colombia—, decidió romper el silencio. En una entrevista otorgada al diario El País América, expone la cruda realidad de un abogado penalista que, según ella, instrumentalizó la tragedia familiar con un fin puramente estratégico y comercial, mostrando una profunda prepotencia y un marcado sesgo clasista hacia quienes prometió proteger.
El idilio mediático duró poco. Aunque el bufete de De la Espriella asumió la causa penal sin costo, Cely revela que el verdadero trabajo probatorio lo hizo su propia familia. El desprecio del jurista se manifestó con fuerza en el ámbito privado, donde ninguneaba e irrespetaba a la madre de Rosa Elvira, desestimando su dolor y su criterio. La situación escaló a niveles críticos cuando el abogado intentó forzar la firma de un contrato de representación para la demanda administrativa contra el Estado. El documento contenía cláusulas abusivas que obligaban a transferir el dinero de la reparación de la hija huérfana de la víctima directamente a las cuentas bancarias del polémico jurista.
La ruptura definitiva se dio con un acto de violencia verbal y desprecio institucional. Mientras Adriana Cely se recuperaba de una cirugía en cuidados intensivos, De la Espriella la llamó enfurecido porque no había firmado el abusivo contrato en los tiempos que él dictaminó de forma autoritaria. Ante los reparos de la mujer, el hoy aspirante presidencial reaccionó con la arrogancia que lo caracteriza: "¡¿Usted qué va a saber de justicia?!", le reclamó con tono déspota, para luego rescindir la representación de manera humillante, dejando el expediente de la víctima tirado en la recepción de un edificio, sin siquiera permitirle subir.
La indignación de la familia Cely alcanzó su punto máximo al ver cómo De la Espriella se atribuye hoy en redes sociales y en sus portales comerciales —donde vende desde ropa hasta ron— la creación de la Ley Rosa Elvira Cely. "Miente al decir que gracias a él se hizo la ley; jamás aportó una sola palabra", afirma Adriana de manera tajante, una versión que respaldan ex senadoras y expertas que redactaron el texto artículo por artículo. El equipo legal del abogado ni siquiera supo aplicar en los tribunales el agravante por razones de género que ya existía desde 2008, demostrando que su supuesto enfoque de género es una completa falsedad de cara a la opinión pública.
Este patrón de comportamiento evidencia una cruda constante en la trayectoria del penalista: su afán desmedido por figurar y su instrumentalización de la tragedia a través de un "litigio de farándula". Tanto el caso de Rosa Elvira Cely como el de Natalia Ponce de León fueron utilizados por De la Espriella por su altísima relevancia e impacto mediático. Al final, los procesos judiciales no fueron asumidos por una genuina convicción de justicia, sino como catalizadores de relaciones públicas y marcas comerciales, dejando un amargo recuerdo de clasismo en unas víctimas de a pie, de esas que comen papa y pollo —“Potaje Carcelero” — como lo manifiesta el actual candidato a la presidencia y que hoy, a pesar del miedo, exigen que se conozca la verdad.
*Con información obtenida del diario El País América
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