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Denuncian despojo de tierras y negligencia de Cortolima en el Bosque Galilea

Denuncian despojo de tierras y negligencia de Cortolima en el Bosque Galilea

Bosque de Galilea, reserva ambiental que colinda con el oriente del Tolima. 

El nacimiento del Parque Natural Regional Bosque de Galilea en el 2019 dejó sin tierra a cientos de campesinos colonos que llevaban décadas asentados en la zona. Así lo denuncian los propios afectados que después de cuatro años todavía buscan recuperar su patrimonio.

Se trata de un área de 26.000 hectáreas que fueron declaradas reserva natural para la conservación de la exuberante fauna y flora que existe allí. En el Tolima se extiende hasta los municipios de Dolores y Villarrica. La declaratoria dejó en el limbo a cientos de campesinos que vivían de actividades agrícolas o ganaderas, quienes ahora no pueden ni trabajar ni vender su tierra.

Una de ellas es Gladys Zárate, una mujer de 67 años, que perdió su patrimonio y su posibilidad de subsistencia desde que la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) declaró al Bosque de Galilea como área protegida. Su finca San José, de 53 hectáreas, permanece abandonada desde hace varias décadas, primero por el conflicto armado y después por la declaratoria.

“El problema es que por ser área de interés ambiental solo podemos venderle nuestras tierras al Estado, que en este caso sería Cortolima; pero la corporación tampoco nos paga lo que debería por nuestras tierras. Ahora no podemos vender ni realizar ninguna actividad agrícola o comercial en la finca. Es como no tener nada”, indica Gladys.

En efecto, la normatividad establece por lo menos 16 restricciones a las actividades que se pueden realizar en un área ambientalmente protegida. Entre ellas: cultivar, ganadería, pesca, caza, talar, construir.

“Cortolima alega que el bien común está por encima del individual. Y es cierto, nosotros estamos de acuerdo. No nos oponemos a la protección del área. Estamos dispuestos a vender, pero que nos paguen lo justo de manera oportuna. Cortolima debe respondernos por la plata, pero siempre dicen que no tienen recursos para comprar predios”, expresa Gladys.

De acuerdo con ella, son más de 100 los campesinos afectados, entre los que tienen escrituras y posesiones. Desde que sus fincas quedaron incluidas dentro de las 26.000 hectáreas del Bosque de Galilea, empezó su viacrucis en busca de una reparación.

“Lo que uno siente es que quieren desgastarnos para que renunciemos a nuestras propiedades. Nos dilatan con formalismos, no ponen todas las excusas posibles, nos hablan con tecnicismos, todo para no hacer lo que deben, que es respondernos por nuestra plata”.  

El relato de Gladys resulta desgarrador. Entre lágrimas cuenta las vicisitudes y el drama social que esta problemática desató a una gran escala. “No es justo que jueguen con unos ancianos que somos los dueños de esas tierras. No pueden acabar así con nuestra vida y dignidad”, remarca.

La Fundación Amé y la UT

Desde el 2003 algunas organizaciones iniciaron el proceso para donarle más de 16.000 hectáreas del Bosque Galilea a la Universidad del Tolima, para conservación e investigación ambiental. Sin embargo, campesinos colonos como Gladys cuestionan la manera cómo las organizaciones “de la noche a la mañana” aparecieron como propietarias.

“La Fundación Amé supuestamente entregó las 16.000 hectáreas a la Universidad del Tolima, pero en realidad lo hicieron para cobrar los bonos de carbono que son muchísimo dinero. Se apropiaron de esas tierras de manera extraña, y cobran los bonos ellos, pero no quienes siempre ocuparon las tierras”, asevera Gladys.

De acuerdo con la representante a la Cámara por el Tolima, Martha Alfonso, entre 2003 y 2016 la Universidad solo legalizó la donación de 3.200 hectáreas. ¿Qué pasó con las otras 13.000? “La revisión del caso nos lleva al Fideicomiso Fondo Ambiental, a la Fundación Amé y a la estructuración de un negocio multimillonario por la venta de bonos de carbono producidos por el Bosque de Galilea, y en la que también está involucrada la Universidad del Tolima”, asegura ella.

Asimismo, colonos como Gladys consideran que esa gran cantidad de hectáreas siguen manos de la Fundación Amé y otras organizaciones que estarían aprovechando para cobrar los bonos de carbono con la complicidad de Cortolima. ¿Qué son los bonos de carbono? Se trata de un método de compensación ambiental, con el cual las empresas pueden pagar a otras organizaciones para que mitiguen por ellas los gases de efecto invernadero que emiten en sus actividades comerciales.

Colonos como Gladys temen que la Fundación Amé y otras organizaciones estén aprovechando sus tierras en el Bosque de Galilea para desarrollar proyectos ambientales con los cuales cobran los bonos de carbono a otras empresas. Proceso intrincado que genera incertidumbre y frustración entre los viejos colonos de Galilea.

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