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Águilas Cuaresmeras en el Tolima: un viaje milenario amenazado por el mito y la escopeta

Águilas Cuaresmeras en el Tolima: un viaje milenario amenazado por el mito y la escopeta

Imagen de referencia del águila cuaresmera con fondo del Cañón del Combeima y flyer digital oficial de CORTOLIMA.

Con la llegada de la Semana Santa, el cielo del Tolima se convierte en el escenario de uno de los fenómenos naturales más asombrosos del continente: el retorno de las águilas cuaresmeras. Estas aves rapaces, principalmente el gavilán de Swainson (Buteo swainsoni), emprenden un viaje de más de 10,000 kilómetros desde Norteamérica hacia el sur. En su paso por Colombia, el departamento se consolida como un punto crítico de descanso; sin embargo, lo que debería ser un refugio se ha transformado en un riesgo latente, pues el Cañón del Combeima es uno de los pocos sectores de América donde aún se registra la caza activa de estas especies.

Esta presión humana está alterando patrones milenarios y obligando a las aves a modificar su trayectoria. El Dr. Carlos Martínez Chamorro, coordinador del semillero de investigación CERNUNNOS de la Universidad del Tolima, advierte que la evidencia muestra un cambio tanto geográfico como temporal en su comportamiento. Según el académico, las águilas están desviando su ruta hacia municipios como Coello, San Luis y Falan, y sus fechas de vuelo parecen estarse adelantando a febrero, posiblemente debido a variaciones en las corrientes térmicas.

La cacería de estas rapaces persiste impulsada por creencias populares que carecen de todo fundamento biológico. En algunas comunidades se les atribuyen propiedades medicinales erróneas, utilizando su carne para elaborar emplastos contra afecciones cutáneas. Además, según el profesor Martínez, existe el mito de que estas aves atacan galpones para alimentarse de polluelos y gallinas, una idea falsa que justifica tratos crueles antes de ser consumidas, ignorando que se trata de una especie migratoria con hábitos muy distintos a los de las aves de presa locales.

Al respecto, el Dr. Martínez Chamorro desmitifica estas creencias explicando que las águilas cuaresmeras no se alimentan durante su travesía migratoria. La ausencia de materia fecal en sus lugares de descanso nocturno confirma que estos animales dependen de sus reservas de grasa y solo vuelven a comer una vez llegan a su destino final para establecerse. Por lo tanto, el sacrificio de estas aves no solo es un acto de crueldad innecesaria, sino que se basa en un desconocimiento profundo de su fisiología y comportamiento natural.

La protección de estas viajeras es un imperativo ético y ecológico, ya que actúan como controladores naturales de plagas como serpientes y roedores. Es fundamental entender que su paso por el Tolima es un regalo de la biodiversidad que debe admirarse desde la contemplación y no desde la escopeta. Se hace un llamado urgente a la conservación: las águilas no son alimento ni medicina, y es responsabilidad de toda la ciudadanía denunciar la caza ilegal para garantizar que su majestuoso vuelo no desaparezca de los cielos tolimenses.

 

*Este artículo tiene apartes investigados de la página web de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (CORTOLIMA).

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