Reportajes
Ibagué en su cumpleaños tiene rostro de mujer
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La historia de Ibagué también puede recorrerse siguiendo las huellas de sus mujeres. Algunas conducen a un piano, otras a un salón de clases, a una plaza de mercado o a un negocio levantado con esfuerzo. En el cumpleaños de la capital tolimense, la Secretaría de la Mujer del Tolima invita a reconocer a quienes, desde esos lugares, han construido pertenencia y tejido los vínculos que mantienen viva a una comunidad.
Ese recorrido encuentra una parada inevitable en el Conservatorio del Tolima. Allí permanece el legado de Amina Melendro de Pulecio, maestra y gestora que dedicó buena parte de su vida a la formación musical. Su impulso al bachillerato musical abrió un camino para que la educación y el arte crecieran juntos. Detrás de la ciudad que se reconoce por su música hubo una mujer empeñada en formar a quienes habrían de interpretarla.
Unos pasos más allá, en la memoria sonora de Ibagué, aparece Leonor Buenaventura de Valencia. Compositora, pianista y directora coral, convirtió el afecto por su tierra en canciones. La ibaguereña e Ibagué forman parte de ese legado que permite reconocer una ciudad con solo escucharla. Su vocación también encontró lugar entre los niños, para quienes escribió un cancionero que acercó la creación musical a la infancia.
Hay un detalle de su historia que acerca a Leonor a tantas otras mujeres: según las memorias recogidas sobre su vida, esperaba hasta la medianoche, cuando terminaban sus obligaciones y su familia descansaba, para escribir música. En esas horas encontró espacio para una obra propia. Recordarla también permite preguntarse cuántos talentos siguen buscando tiempo entre el trabajo y las responsabilidades del hogar.
En ese mapa aparece también Blanca Olivia Álvarez Tello, maestra, compositora y escritora que hizo de Ibagué un escenario fundamental de su trayectoria. Enseñó en la Escuela del Carmen, participó en agrupaciones musicales y recogió la tradición oral del campesinado tolimense en Bajo el cielo hechizado del Tolima. Su trabajo tendió un puente entre el aula, la canción y los relatos que una generación entrega a la siguiente.
Junto a Blanca estuvo Carmen Castillo, educadora, cantante e intérprete de bandola, recordada como el Jilguero del Tolima. Ambas conformaron un dueto y participaron en la vida coral de la ciudad; también hicieron parte de la estudiantina Tolima Grande, vinculada al primer Festival Folclórico de Ibagué, en 1959. Su encuentro recuerda que la identidad musical se construyó además con amistades, ensayos y esfuerzos compartidos.
De aquellas maestras a las mujeres de hoy existe un hilo que atraviesa los barrios y las veredas. Lo sostienen quienes enseñan, cultivan, investigan, crean empresa, cuidan y convocan a sus vecinos para resolver una necesidad común. Muchas no tienen una placa con su nombre, aunque su trabajo forme parte de la historia de una escuela, de una familia o de una comunidad entera.
Desde esa mirada, el saludo de cumpleaños de la Secretaría de la Mujer del Tolima encuentra su sentido: celebrar la riqueza cultural de Ibagué y la calidez de su gente implica reconocer la participación de las mujeres en su construcción. Ese reconocimiento exige escuchar sus propuestas, valorar sus saberes y ampliar sus oportunidades para decidir sobre el presente y el futuro de la ciudad.
Ibagué cumple años y en su memoria resuenan las composiciones de Leonor, la tarea educativa de Amina y las voces de Blanca y Carmen. A ellas se suman las historias que todavía esperan ser contadas. La Ciudad Musical tiene rostro de mujer porque ellas han ayudado a darle voz, a preservar sus recuerdos y a construir, cada día, un lugar al cual pertenecer.
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