Opinión
La decapitación de Bruce Mac Master
Por Guillermo Pérez Flórez
Así paga el diablo a quien bien le sirve. A mediados de junio el hoy expresidente de la ANDI, Bruce Mac Master, escribió una columna anunciando su voto por Abelardo de la Espriella, titulada: “Votaré por la democracia liberal”.
Abría con un párrafo contundente. “La elección que tenemos enfrente no es una decisión cualquiera. Estamos hablando del futuro de la democracia, el de la economía, la libre empresa, el empleo, la propiedad privada, la separación de poderes, de un modelo con límites democráticos para evitar abusos”.
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¡Quién se iba a imaginar que el hombre fuerte de la patronal solo tres meses después viviría un calvario y perdería su flamante puesto, por presiones de la persona por la que había votado y hecho campaña! Y que no solo perdería su puesto, sino que sería condenado al ostracismo, porque a Mac Master la única salida que le queda es el destierro.
¿Qué gremio, qué empresa, qué gobierno local o regional va a darle una oportunidad laboral, a sabiendas de que hacerlo es exponerse a desatar la ira santa del presidente de la República? Imposible. No sé qué vaya a hacer el exlíder empresarial, pero me temo que tendrá que irse al exilio un tiempo. Sus temores sobre el futuro de la democracia liberal en Colombia comienzan a materializarse, pero por donde menos lo esperaba.
La metamorfosis sufrida por los gremios económicos durante los últimos tres gobiernos es ilustrativa y hasta positiva porque obliga a repensar cuál debe ser su papel en la vida política, económica y social del país. Con Iván Duque tuvieron todo el poder. Sus voceros salían de las presidencias gremiales a los ministerios y luego volvían, haciendo escala en las empresas. Fue su reino de la felicidad. Hablaban en nombre del interés nacional, cuando es claro que su papel es la defensa de los intereses privados, lo cual es algo totalmente lícito. Así, quedaron mal acostumbrados. Creyeron que eso era lo normal y lo más conveniente para el país.
Luego con Gustavo Petro las cosas cambiaron, y pasaron de la cooptación a la confrontación. El cambio fue tan brusco que al poco tiempo se matricularon en la oposición. Ahora con Abelardo De la Espriella, les esperan cuatro años de sumisión. Es la política de sometimiento, aplicada al sector privado. Y la razón es clara: De la Espriella está lejos de ser un demócrata, su visión política se nutre de la categoría de Carl Schmitt, amigo-enemigo. Quien no esté incondicionalmente con él, está contra él. La dirigencia empresarial está avisada: el que no se ponga firme por la patria, se va. Y la patria es él. Así como Petro era el pueblo.
El origen no establecido del desacuerdo
Es difícil saber cuál es el origen real de la tirria que siente De la Espriella por Mac Master. Rumores hay muchos. Y no hay para qué gastar tiempo en ellos. El argumento presentado en la cuenta oficial del presidente, en un video hecho con IA, es que “El Tigre cumplió: tumbó a Bruce Mac Master y desmanteló la trinchera política en la que convirtieron a la ANDI. La defensa desesperada de Paloma Valencia solo confirmó lo evidente: era su ficha y su directorio político personal. Los titiriteros de siempre se quedaron sin micrófono, sin alcancía y sin rosca en Bogotá. Hoy el gremio vuelve a manos de los verdaderos industriales, los comerciantes y las regiones”.
El Tigre celebró haber tumbado al “cacique gremial”, porque ellos “llegaron a cambiar la política para siempre”. Acusa a Mac Master de haber usado la asociación como trinchera de la oposición. Y afirma que “los barones del empresariado tradicional, con Manuel Santiago Mejía a la cabeza, se quedaron sin su micrófono”. Y que “Se les acabó el monopolio de dictar desde Bogotá la línea económica del país”.
El hecho cierto es que no aguantaron la presión, y el presidente ejecutivo se vio obligado a renunciar. Los misiles que a diario les lanzaban, como prohibirles a los ministros hablarle a este y amenazar con extender el veto a los miembros de la Junta, todos anunciados en las redes sociales de la periodista empleada de Gilinski que funge de portavoz gubernamental, terminaron por hacer mella. Importantes empresas afiliadas comenzaron a retirarse de la patronal. Así, le entregaron la cabeza de Mac Master en una bandeja, como a Salomé la de Juan el Bautista. Por supuesto, el decapitado no se parece en nada al profeta Juan. Este episodio es una vergüenza para la democracia colombiana.
La prensa cortesana
Lo que ha sucedido con la ANDI, y con otros casos como el de Carolina Soto, obligada a declinar la designación de presidenta ejecutiva de la Cámara Colombiana de Infraestructura, en agosto, tiene una relación directa con la persecución de la cual han sido víctimas algunos periodistas.
El Tigre también ha dejado en claro que no le gusta la prensa crítica, y que atenderá solo a los medios de comunicación que considere amigos. Es lo que algunos periodistas, entre ellos Alexander Velásquez en una columna en El Espectador, han llamado la prensa cortesana, recordando que el papel del periodismo es investigar y denunciar los abusos del poder, y no el elogio. Los retiros de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, y el del caricaturista Vladdo de Noticias RCN, son pruebas indiciarias de lo que le espera a la prensa en este Gobierno. Desde las alturas del poder se hace saber quién incomoda y debe irse. Se está creando una cultura del silencio y del acomodamiento.
Al paso que va, De la Espriella va a terminar por reivindicar a Petro. Resulta inevitable la comparación con su antecesor. Este insultaba y hacía desplantes, como llegarles dos horas después de lo acordado, pero no los persiguió, ni intentó imponerles fichas suyas. El lisonjeo a Laura Sarabia, cuando era la número dos del gobierno, era parte de su propio manual relacional, no algo exigido por Petro. Lo que está sucediendo es muy grave, lo más preocupante es el silencio. Se respira miedo en ciertos círculos y se pueden contar con los dedos de las manos - y sobran dedos - quienes se atreven a cuestionar estas conductas en público.
La decapitación de Mac Master demuestra que incluso empresas multinacionales de matriz estadounidense ceden a las presiones gubernamentales, como quedó patente con el retiro de una importante marca de bebidas. ¿Qué se les puede pedir entonces a las pequeñas y medianas empresas, que son más vulnerables?
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La autonomía de las organizaciones empresariales y su credibilidad han quedado seriamente dañadas. Los relevos en las presidencias gremiales no se harán esperar, en aras de congraciarse con el príncipe, porque los negocios son los negocios. La defensa de la democracia liberal es un asunto que parece ser de incumbencia solo de los románticos. El pragmatismo es el nombre del juego. Por ello resulta tan nocivo mezclar negocios y política.
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