Opinión
¿Ibagué está construyendo ciudad o solamente apartamentos?
Por: Oscar Augusto Sotomayor Uribe
*Abogado, Oficial (RVA), magíster, especialista, investigador y docente universitario.
Ibagué está cambiando. Basta recorrer sus calles para comprobarlo. Donde antes había lotes, casas bajas o terrenos sin construir, hoy aparecen edificios, conjuntos residenciales, nuevos establecimientos comerciales y obras de infraestructura. La ciudad crece, se transforma y, con ella, también cambia nuestra manera de habitarla.
Pero vale la pena hacernos una pregunta: ¿estamos construyendo ciudad o solamente construyendo apartamentos?
La pregunta no pretende cuestionar el crecimiento urbano ni la necesidad de vivienda. Ibagué necesita inversión, empleo, infraestructura y nuevas soluciones habitacionales. El verdadero asunto es otro: ¿qué ciudad estamos construyendo alrededor de esos apartamentos y, sobre todo, con quién la estamos construyendo?
Porque una ciudad no se construye únicamente con ladrillos, cemento, hierro y concreto. Una ciudad se construye con sus ciudadanos: escuchando a quienes viven en los barrios, recogiendo sus preocupaciones, incorporando sus propuestas y permitiéndoles participar en las decisiones que afectan su territorio. También se construye con algo que quizá hemos ido dejando de lado y que necesitamos recuperar: el civismo.
La Constitución Política establece como uno de los fines esenciales del Estado facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y, a su vez, señala deberes relacionados con la participación en la vida política, cívica y comunitaria (Constitución Política de Colombia, 1991, arts. 2 y 95). La Ley 1757 de 2015 desarrolla este principio y reconoce la participación ciudadana como un componente de la vida política, administrativa, económica, social y cultural, así como del control sobre los asuntos públicos (Congreso de Colombia, 2015, arts. 1–2).
Pero participar no puede significar únicamente asistir a una reunión cuando la decisión ya está tomada. Construir ciudad con los ciudadanos significa escuchar antes de decidir, dialogar antes de ejecutar y reconocer que quienes habitan un territorio también conocen sus necesidades.
El vecino sabe dónde falta un andén. La comunidad sabe qué parque está abandonado. El comerciante conoce las dificultades de su sector. Los jóvenes saben qué espacios necesitan. Los adultos mayores identifican las barreras que encuentran para desplazarse. Ese conocimiento también construye ciudad.
Pero hay otra dimensión que no podemos delegar completamente en las administraciones: nuestro propio comportamiento.
Civismo no es solamente izar una bandera, respetar un himno o participar en un acto público. Civismo es respetar al peatón, no estacionar sobre el andén, depositar correctamente los residuos, cuidar un árbol, conservar un parque, respetar las normas de tránsito y entender que el espacio público es de todos.
Pensemos en algo tan cotidiano como sacar a pasear a nuestras mascotas. Tenemos todo el derecho de llevarlas al parque, pero si hacen sus necesidades, recogerlas en una bolsa y depositarlas adecuadamente no es un favor que le hacemos a la ciudad: es un acto elemental de civismo.
Dejarlas allí significa trasladar nuestra responsabilidad a los demás y contaminar un espacio que pertenece a todos. Allí aparece una palabra fundamental: pertenencia.
Sentir pertenencia significa comprender que aquello que es de todos también es responsabilidad nuestra. El parque no es “de la Alcaldía”; es nuestro. El andén no es “de nadie”; es de todos. El árbol que está frente a nuestra casa merece cuidado, aunque no lo hayamos sembrado nosotros.
Lo público es nuestro porque es de todos.
Por eso, una ciudad puede tener excelentes parques y, sin embargo, carecer de cultura ciudadana. Puede tener modernas ciclovías y encontrarlas ocupadas indebidamente. Puede instalar canecas y seguir encontrando residuos en las esquinas. Puede construir andenes nuevos y permitir que sean utilizados como estacionamientos.
En esos casos, no basta con construir más infraestructura. También necesitamos ciudadanos que cuiden aquello que se construye. Aquí está la diferencia entre simplemente habitar Ibagué y sentir que pertenecemos a ella. Habitar es vivir en la ciudad. Pertenecer es sentir que Ibagué también es nuestra responsabilidad.
Y esa responsabilidad comienza con pequeñas decisiones: recoger la bolsa después de pasear a nuestra mascota, no arrojar un papel al suelo, respetar una fila, permitir que una persona mayor cruce la calle, cuidar una banca, un árbol o un escenario deportivo, aunque nadie nos esté vigilando.
El civismo aparece cuando hacemos lo correcto, aunque nadie nos esté mirando.
Las autoridades tienen responsabilidades: planear, garantizar servicios, mantener los espacios colectivos, promover la participación y administrar correctamente los recursos. Pero ninguna administración puede sustituir el comportamiento ciudadano. La ciudad se construye mediante políticas públicas y decisiones institucionales, pero también desde cada barrio, familia, comercio, colegio y hogar.
Y ahora que comienzan a tomar fuerza las conversaciones políticas y las campañas electorales, sería bueno volver a lo fundamental: que la ciudadanía no sea solamente una palabra utilizada para pedir votos.
¿Por qué no convertir el civismo, el respeto por lo público, la participación y el sentido de pertenencia en una verdadera consigna de todos quienes aspiran a gobernar? Que cada propuesta política incluya también una invitación a los ciudadanos a cuidar y embellecer la ciudad, respetarla y participar en su construcción.
No se trata solamente de preguntarnos qué hará el próximo gobierno por Ibagué. También deberíamos preguntarnos qué podemos hacer nosotros por Ibagué.
Necesitamos volver a sentir orgullo de decir: esta es mi ciudad. No un orgullo ingenuo que desconozca sus problemas, sino uno que nos impulse a cuidarla y mejorarla. Porque quien ama una ciudad no solamente habla bien de ella. La cuida, protege y embellece.
Esta es la primera de tres columnas dedicadas a reflexionar sobre Ibagué, ciudadanía y civismo. En las siguientes continuaremos preguntándonos cómo podemos recuperar la participación, el cuidado de lo público y ese sentido de pertenencia que permite pasar de ser simples habitantes a verdaderos ciudadanos.
Porque los apartamentos pueden levantarse con cemento y ladrillos. Una ciudad, en cambio, se construye con ciudadanos. Y el civismo no se construye para la gente. Se construye con la gente.
Referencias
Congreso de Colombia. (2015, 6 de julio). Ley Estatutaria 1757 de 2015, por la cual se dictan disposiciones en materia de promoción y protección del derecho a la participación democrática. Diario Oficial No. 49.565.
Constitución Política de Colombia. (1991). Constitución Política de Colombia. Gaceta Constitucional No. 116.
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