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Opinión

Lucio y su Arca de Noé

Lucio y su Arca de Noé

Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, docente, investigador


Solo cuando la izquierda irrumpió, de un tiempo para acá, como una fuerza significativa en el Congreso, fue que este tomó importancia en la vida democrática del país. En especial, en los debates magistrales contra la para-política y los inmensos negociados de los partidos tradicionales contra el erario y, por lo tanto, contra la ciudadanía.

Mientras se llenaban los salones del Congreso con estos debates, poco a poco se fueron opacando e ingresando a los expedientes judiciales los líderes de las bancadas de la derecha. Casos sonados de corrupción como el de “las marionetas” —donde senadores como Carlos F. Motoa, Samy Merheg, Ciro Ramírez, Juan Felipe Lemos, Carlos Abraham Jiménez y Miguel Ángel Barreto, fueron no solo involucrados sino judicializados—, sumados a los de la para-política, hacen que el barco de Abelardo esté casi lleno.

Todos ellos, o sus representantes, hacen parte hoy de la telaraña del poder, creada y capitaneada por el exguerrillero Carlos Alonso Lucio, quien la llamó eufemísticamente el "Arca de Noé"; nave en la cual, como en el relato bíblico, cabe todo tipo de especímenes.

Según la periodista María Jimena Duzán, lograr que un estafador y prófugo de la justicia como Carlos Alonso Lucio sea hoy el faro moral de la manada y el arquitecto de un arca de Noé que le va a permitir a su amigo Abelardo salvar a Colombia del diluvio universal que deja Petro, es el primer milagro que se da en la "Patria Milagro".

Esto demuestra que el argumento de gobernar con los “nunca” fue solo una perífrasis política, convirtiéndose tempranamente en un ejercicio del poder con los de “siempre”. Parafraseando al inefable expresidente Uribe Vélez, en esta ocasión la derecha viene "cargada de tigre".

Como es el caso de uno de sus pasajeros, el canciller Omar Bula Escobar, un anti vacunas que propone hacer posible la frase del expresidente López Michelsen de convertir a Colombia en el "Tíbet de Suramérica", al retirar al país de los organismos internacionales por considerarlos nichos izquierdistas. En uno de sus libros autoeditados, llamado El plan maestro (2013), denuncia una conspiración internacional entre Venezuela e Irán para desarrollar armas nucleares en Latinoamérica en conjunto con las FARC. Según el presidente electo, Bula será el encargado de convertir a los embajadores en visitadores comerciales de la patria y en conspiretas atómicos.

También tiene tiquete el ministro designado Fabio Arjona, cuyo argumento central es que la biodiversidad es una “ventaja desaprovechada”. Según activistas ecológicos, esta postura favorece las dinámicas de desplazamiento de comunidades porque, en el afán de impulsar de nuevo el negocio de los bonos de carbono, facilita la compra de tierras que van acorralando a los habitantes, generando deforestación. Pero también propone la desregularización de los procesos de intervención en los territorios, favoreciendo la implementación de sistemas de minería, plantación y monocultivo.

En el caso de ecosistemas frágiles como el páramo de Santurbán, busca delimitarlos para implementar la minería, afectando, por lo tanto, el suministro de agua para millones de colombianos. Parece ser que este designado busca acabar prontamente con lo que queda del medio ambiente restante.

Y, por último, tenemos a los verdaderos dueños de esta arca: la familia Gómez Martínez, que resucita como el ave fénix de sus centenarias cenizas. Son nietos del “monstruo” Laureano Gómez, uno de los protagonistas de la llamada “Violencia” de mediados del siglo XX, y poco a poco se están revelando como los verdaderos dueños de este “Juego de Tronos”.

Enrique Gómez hoy es senador; su hijo, Nicolás Gómez, es secretario político del Movimiento de Salvación Nacional y fue designado por el “tigre” como jefe de gabinete; su tío, Miguel Gómez Martínez, profesor universitario, será ministro de Hacienda. El presidente Abelardo justificó, entre otras razones, su nombramiento por conocer las inmensas capacidades intelectuales de Miguel al haber sido su alumno en la Universidad Sergio Arboleda. Sin embargo, en una entrevista dada a los medios de comunicación, el ministro Gómez dijo no acordarse de haberle enseñado al ilustre presidente electo en ninguna asignatura.

Históricamente, todo este familión se caracteriza no solo por ser los de “siempre”, sino también por su posición de intolerancia y antiderechos, así como por su marcada xenofobia y aporofobia contra los colombianos.

Como podemos ver, este experimento realizado por Carlos Alonso Lucio resume muy bien al gobierno entrante. Retrocedemos decenas de años en la historia, rompiendo el espíritu garantista de la Constitución de 1991 de la mano de pastores, exguerrilleros, delincuentes de todos los pelambres, ecologistas mercachifles, clanes políticos, víctimas con alzhéimer, antivacunas y demás fauna. Pero acordémonos del relato bíblico: el arca encalló cuando se enfrentó al poderoso e inamovible monte Ararat, y en Colombia ese monte es el pueblo colombiano.

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