Crónicas
Maldiciones, brujería y rituales: la sombra paranormal en el fútbol
Kwaku Bonsam, brujo ghanés hoy frente a Colombia en el Mundial 2026.
Por Mauricio Arcila
Redactor El Cronista.co
Italia 90 permanece intacto en la memoria colectiva. Para muchos colombianos fue el regreso esperado tras décadas de ausencia en los mundiales. El gol de Freddy Rincón frente a Alemania encendió la esperanza, mientras el error de René Higuita, ídolo de infancia para tantos, dejó una herida abierta frente a Camerún. En aquel equipo africano se erguía Thomas N’Kono, arquero de pantalón largo y jerarquía indiscutible, cuya carrera se forjó en España y concluyó en Bolivia. Años más tarde, su nombre volvería a los titulares por un episodio insólito: fue detenido en plena Copa Africana de Naciones de 2002, acusado de invocar la brujería contra Mali, aunque liberado días después por falta de pruebas.
El fútbol, sin embargo, nunca ha estado ajeno a historias paranormales, de misterio y superstición. En Sudamérica, una de las más célebres habla de la década del sesenta, cuando hinchas de Independiente de Avellaneda enterraron siete gatos en una portería del estadio de Racing. La maldición parecía real: tras conquistar títulos en 1966 y la Copa Libertadores y la Intercontinental de Clubes1967, “La Academia” cayó en una sequía que duró más de tres décadas, incluso con el descenso en los años ochenta. No fue sino hasta 1998, al desenterrar los restos y realizar ritos de purificación, que la historia cambió. En 2001, Racing volvió a ser campeón, como si el hechizo finalmente hubiera sido conjurado.
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Las maldiciones también han perseguido a jugadores. El caso más famoso es el del galés Aaron Ramsey. En 2011, tras marcar un gol con el Arsenal, el mundo amaneció con la noticia de la muerte de Osama Bin Laden. Desde entonces, cada tanto suyo fue asociado con la caída de una celebridad: Whitney Houston, Steve Jobs, Paul Walker, Muamar el Gadafi y David Bowie figuran entre las supuestas víctimas. La llamada “maldición de Ramsey” convirtió al mediocampista en protagonista involuntario de una de las supersticiones más inquietantes del fútbol moderno.
En Colombia, la sombra también se ha hecho presente. La llamada maldición de Garabato nació cuando Benjamín Urrea, odontologo y socio del América de Cali, se opuso al ingreso del club al profesionalismo y lanzó un conjuro: “jamás sería campeón”. El hechizo pareció cumplirse hasta 1979, cuando América levantó su primer título local. Pero la maldición no se disipó del todo: cuatro finales de Copa Libertadores —tres consecutivas en los años ochenta y otra en 1996— nunca se tradujeron en gloria continental. La sentencia quedó inscrita en la memoria del fútbol colombiano como un recordatorio de que entre cábalas y supersticiones también se escribe la historia.
Incluso los estadios colombianos han cargado con su propio halo de misterio. El Palmaseca del Deportivo Cali, construido sobre un cementerio indígena de la cultura Malagana, en lel municipio de Palmira, acumula relatos de hallazgos arqueológicos y sucesos paranormales narrados por vigilantes y trabajadores. El Manuel Murillo Toro de Ibagué, por su parte, cambió su nombre original por superstición al llamarse igual que el Cementerio San Bonifacio y hoy se dice que las cenizas de Gabriel Camargo reposan en el MAMUT, impidiendo al Deportes Tolima ser campeón en su tierra.
Hoy mientras la Selección Colombia se prepara para enfrentar a su similar de Ghana en el Mundial 2026, la figura del brujo Nana Kwaku Bonsam vuelve a escena, con rituales de hechicería que se viralizan en redes sociales y despiertan tanto temor como fascinación. Lo único cierto es que en la cancha son once contra once y gana el que más goles anote, aunque el adagio popular sigue resonando: “No hay que creer en brujas… pero que las hay, las hay”.
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