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Economía

El ascenso imparable del café colombiano

El ascenso imparable del café colombiano

La falta de una marca unificada en el Tolima sigue siendo un obstáculo para una comercialización masiva. Existen más de 120 marcas, dispersas y sin músculo financiero.

El café colombiano está viviendo un momento histórico. Con precios nunca antes vistos tanto a nivel interno como en la Bolsa de Nueva York, los productores celebran una bonanza que podría redefinir el mapa cafetero del país. Huila mantiene su liderazgo en la producción, mientras que Tolima desafía a Antioquia y aspira a consolidarse como el segundo productor nacional.

Precios en máximos históricos

El precio interno pagado a los caficultores ha escalado hasta los $2.905.000 por carga de 125 kilogramos de pergamino seco, un valor sin precedentes. En Neiva, el costo promedio se sitúa apenas por debajo, en $2.903.750. El impacto global es aún más notorio: en la Bolsa de Nueva York, la cotización del contrato C alcanzó los 3,66 dólares por libra, el doble de su precio hace un año, que era de 1,89 dólares, pero ha bajado a 3,57 dólares.

Estos valores representan un hito en la historia reciente del café colombiano y marcan una era de oportunidades para los productores nacionales. Ahora mismo no hay cosecha cafetera.

Factores que disparan el alza

1.         Escasez global de café robusta, lo que ha impulsado la demanda del café arábica colombiano, reconocido mundialmente por su calidad.

2.         Condiciones climáticas adversas que han reducido la oferta en otros países productores.

3.         Tensión diplomática entre Colombia y Estados Unidos, lo que podría influir en las transacciones comerciales.

Huila y Tolima: el “nuevo eje cafetero” que desafía la tradición

El dominio de Huila en la producción nacional se consolida: aporta el 19,08% del café de Colombia y cuenta con 145.759 hectáreas de cultivo en 35 municipios, sostenidos por el trabajo de 86.500 familias. Desde hace 14 años, este departamento ha sido la cuna del mejor café del país, destacando por su sabor complejo y calidad excepcional.

Mientras tanto, Tolima se convierte en una amenaza real para Antioquia, que históricamente ha ocupado el segundo lugar en producción. Con 107.027 hectáreas cultivadas en 38 municipios y más de 61.849 familias caficultoras, el café del Tolima ha conquistado mercados con su “Denominación de Origen” y su equilibrio de acidez y cuerpo.

Sin embargo, la falta de una marca unificada sigue siendo un obstáculo para una comercialización masiva. Existen más de 120 marcas, dispersas y sin músculo financiero. Tampoco hay valor agregado. Se continúa exportando grano, como toda la vida. Departamentalmente, Planadas sigue liderando el café tolimense, por su suavidad. 

Por otro lado, Cauca ocupa el cuarto lugar con 94.442 hectáreas, mientras que el tradicional Eje Cafetero, conformado por Caldas, Risaralda y Quindío, se rezaga en volumen, aunque mantiene la mayor densidad de cultivos por extensión territorial. Chinchiná (Caldas) es el principal productor nacional.

Un futuro incierto: oportunidad y riesgo

Colombia es el mayor proveedor de café de Estados Unidos y el segundo exportador mundial de café arábica de alta calidad. En 2024, la producción alcanzó los 13,9 millones de sacos de 60 kg, un crecimiento del 24% frente a 2023.

Sin embargo, la volatilidad del mercado sigue siendo un desafío. Mientras los precios actuales generan optimismo, la historia ha demostrado que los ciclos de alza pueden dar paso a caídas abruptas. El reto para los caficultores y el gobierno es asegurar estrategias de estabilidad a largo plazo, fortalecer la comercialización y aprovechar esta ola de bonanza para consolidar un sector que, por décadas, ha sido el alma de la economía colombiana.

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