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Miguel Merino, un emprendedor ejemplo de las nuevas generaciones

Miguel Merino, un emprendedor ejemplo de las nuevas generaciones

Por: Humberto Leyton


Lo conocí hace 51 años, en los albores de los IX Juegos Deportivos Nacionales del 70 de Ibagué. Los mejores que se han realizado, y que, hasta el momento, no han podido ser superados.

En aquella época Miguel Merino Gordillo, era un joven arquitecto que ocupaba un importante cargo en la organización de este evento, especialmente en la construcción de los escenarios deportivos, pero también en el desarrollo urbanístico de la ciudad como gerente de la empresa Colsuiza.

Ambos sosteníamos posiciones ideológicas y políticas distintas: él un liberal socialdemócrata y yo un adolescente de izquierda que representaba en ese momento los interés de los trabajadores de la construcción, mientras Merino hacía lo mismo en nombre de los empresarios que construían los escenarios deportivos y el gobierno, en esa época en cabeza de Francisco Peñalosa Castro, como Alcalde de Ibagué.

Eran tiempos de desarrollo para la ciudad y el departamento con los Juegos Nacionales. Ibagué dejaba definitivamente ese aspecto de pueblo pastoril y provincial y se enrumbaba a convertirse en ciudad. La actividad política marchaba a la par con el impulso de la capital del Tolima y Alberto Santofimio Botero, se erguía no solo como el jefe único del partido Liberal, sino como figura nacional con aspiraciones presidenciales.

Entretanto, en el conservatismo Guillermo Angulo Gómez, Jaime Pava Navarro y Maximiliano Neira Lamus, se disputaban la jefatura conservadora.

Todos ellos tenían en común que movían ideas y propuestas, donde en mi criterio, sobresalía sin discusión Santofimio en el liberalismo, y Angulo en el conservatismo.

La izquierda dividida como siempre, no tenía la fuerza que tiene ahora, y se mantenían en peleas internas entre comunistas, el Moir, trotskistas y elenos, mientras olvidaban al enemigo común (el gobierno de turno y el imperialismo Yanqui). El imperialismo yanqui estaba en boga y la revolución cubana era el aliciente de turno.


“Miguel Merino, para mí, fue el alcalde que le faltó a Ibagué. Habría sido el complemento perfecto de Pacho Peñaloza. De seguro hoy seríamos otra ciudad”.


En medio de este acaloramiento político surge la propuesta de “socialismo con rostro humano” de Santofimio que cautiva masas de diferentes tendencias, especialmente de izquierda, por ser algo novedosa, incluyente y fuera de todo sectarismo o dogmatismo, dos conceptos no separados hasta el momento por los alternativos, como se llaman ahora.

Demócrata

Esto hace que revalúe esquemas y estrategias ideológicas y políticas que hasta ese entonces había sostenido. Mi amistad y trato con Merino se fue profundizando, al considerarlo una persona demócrata, confiable y un hombre honesto en su accionar político y profesional; sobre todo, un hombre leal con sus amigos en el sentido exacto de la palabra.

Pero además de eso, se añade la pulcritud y la transparencia con que Merino a través de su prolífera vida ha manejado los cargos públicos que le han encomendado y sus negocios privados.

 Un empresario intachable

Escuchando la entrevista que recientemente le hizo el periodista Harold Bonilla, de Caracol Ibagué en el Personaje de la Semana, me encuentro con un Merino con una memoria fresca, actualizada, moderna, que con su ejemplo propone acciones para superar el letargo en que hemos ingresado como ciudad desde hace varios años; hace un llamado a la unidad de su dirigencia y a deponer odios, envidias y rencores para trabajar por un mejor futuro del departamento y la ciudad.

Es a este Merino, promotor de escenarios deportivos, del Centro Comercial Combeima y de varias urbanizaciones como la Macarena e Irazu de Ibagué, que en su momento le cambiaron la cara a Ibagué, pero también de conciliador y armonizador político, que quiero rendir homenaje en esta nota.

Me encuentro también entre los periodistas que consideran que deberíamos anticiparnos a la muerte de las personas que admiramos y escribir sus necrologías en vida. De esta forma, seríamos francos en expresar nuestros sentimientos y querencias a los seres que apreciamos, además de ofrecer un breve periodo de euforia.

Creo que por pereza, no debemos dejar pasar el tiempo para celebrar la vida. Es mejor que escribir de la nostalgia o de la muerte.

Esta idea, puede ser una forma de anticiparnos al reconocimiento que no solo deben tener los famosos y destacados personajes, sino todas aquellas personas que de una u otra forma han marcado un punto en la historia de nuestra ciudad y departamento.

Merino, para mí, fue el alcalde que le faltó a Ibagué. Habría sido el complemento perfecto de Pacho Peñaloza. De seguro hoy seríamos otra ciudad. Pero bueno, nos conformamos que próximo a llegar al octavo piso, tenga claridad meridiana sobre lo que está pasando y que genere 1.100 empleos en sus 9 almacenes de Dunkin.  

Que esta nota prematura sirva para alargar la vida del emprendedor y visionario Miguel Merino.

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