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Los hinchas se construyen con estrellas
El Coloso de la 37 y u hinchada, que generalmente no supera los 8 mil asistentes
No sorprende ya que, en medio de las transmisiones de los partidos del Deportes Tolima, tanto en el ámbito nacional como internacional, surja la misma pregunta: ¿por qué el estadio no se llena? ¿Por qué un equipo competitivo no logra convocar una afición multitudinaria?
Desde lo institucional, el club no presenta fisuras. Sus finanzas han sido ejemplo, con cumplimiento en pagos, inversión constante en jugadores y fortalecimiento de su infraestructura. El problema, coinciden las voces consultadas por ElCronista.co, no está en la administración sino en la relación emocional entre el equipo y su gente.
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Las respuestas de comentaristas, locutores e hinchas apuntan a una misma línea: las decepciones pesan más que los logros. Aunque el equipo ha sido protagonista en la última década, disputando seis finales y ganando dos (2018-I y 2021-I), la sensación que persiste es la de oportunidades perdidas. Para muchos, esas finales que se escaparon han impedido consolidar una identidad ganadora que convoque nuevas generaciones. Vale la pena mencionar que el Tolima tiene solo tres estrellas.
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Paradójicamente, el apoyo sí existe, pero se vive de otra manera. En tiendas, bares y reuniones familiares, los partidos del Tolima se convierten en rituales colectivos. Allí se grita, se sufre y se celebra. Sin embargo, esa pasión no se traduce en presencia masiva en el estadio. Es un fenómeno que, además de económico, revela una transformación en la forma de ser hincha: más cómoda, más social, pero menos comprometida con la experiencia en la tribuna.
Luis Enrique Cardona, abonado fiel del estadio, rescata un elemento clave: “lo más valioso es ver niños y jóvenes en las graderías”. Aunque cerca de 8 mil personas compran abonos semestre tras semestre, la asistencia fluctúa y suele concentrarse en partidos de alto perfil. El compromiso económico está, pero la constancia aún es un reto.
El periodista y comentarista de Caracol Radio Camilo Pinto advierte que el fenómeno es más profundo: “no somos tan futboleros como en otras ciudades”. Señala factores como el desempleo, el costo de la boleta, la seguridad y la influencia de las redes sociales. “Hoy los jóvenes ven a Nacional, Boca o River y quieren títulos. Prefieren ir a un bar, comer algo y disfrutar el partido sin gastar tanto. Nos falta pasión”, afirma, reconociendo al mismo tiempo el valor de los hinchas fieles.
Desde la mirada televisiva, el comunicador Chelo Delgado, de Win Sports, insiste en la ausencia de una cultura de estadio: “el hincha prefiere verlo en casa o en un bar. No hay ese hábito de acompañar al equipo siempre”. Incluso recuerda que esta situación no es nueva, ni siquiera en épocas donde el equipo también fue protagonista como en los años 80, cuando siendo más pequeño en aforo, tampoco se llenaba el estadio.
El narrador Carlos Giraldo Díaz introduce otro elemento determinante: el rendimiento en casa. “La gente va a ver ganar al equipo, y muchas veces sale decepcionada. El Tolima ha perdido títulos en Ibagué, ha sido irregular como local, y eso golpea la confianza del hincha”.
A estas miradas se suma la del analista político e hincha fiel Fernando Varón Palomino, quien aporta una lectura estructural del fenómeno: “la gente sí va a ver al Deportes Tolima, pero no va a llenar el estadio permanentemente. Ibagué es una ciudad con más del 60 % de población rural, y desplazarse un sábado o entre semana a las siete u ocho de la noche no es fácil. Además, no existe una tradición futbolera de larga data”.
Varón también señala un factor emocional que ha marcado a la afición: “cada vez que se llena el estadio, el equipo pierde. Pasó contra River, contra Boca, en torneos internacionales donde llevaba varios partidos sin ganar. Eso genera dudas”. Y agrega un llamado a poner la discusión en contexto: “antes iban 3 mil personas, hoy van 7 mil. Somos una ciudad de 550 mil habitantes. Comparar al Tolima con Bogotá, Medellín o Barranquilla es absurdo. Hay que medirlo con equipos similares, de media tabla hacia abajo, incluso en nómina. Y así mismo se debe comparar la afición”.
Análisis
La construcción de una hinchada no es un fenómeno inmediato ni espontáneo. Los grandes equipos han consolidado su base de seguidores a partir de una combinación de historia, identidad y, sobre todo, títulos. Ganar no solo llena vitrinas: crea relatos, héroes y memorias colectivas que se transmiten de generación en generación. Cada estrella se convierte en una semilla emocional que germina en nuevos hinchas.
En ese sentido, el Deportes Tolima ha estado cerca de dar ese salto definitivo, pero aún le falta consolidarlo. Ser protagonista es importante, pero en el fútbol moderno no siempre es suficiente. Las nuevas generaciones, expuestas al fútbol global, eligen equipos que ganan, que emocionan y que construyen historia. Por eso, el reto no es solo competir: es convertir esas campañas en títulos y esos títulos en identidad. Solo así, con estrellas en el escudo y emociones en la memoria, se podrá construir una hinchada que trascienda el resultado y acompañe siempre.
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