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¡Júbilo en el Tolima!: hay esperanza, Emilio Martínez Rosales está vigente

¡Júbilo en el Tolima!: hay esperanza, Emilio Martínez Rosales está vigente

Por Henry Rengifo Hernández


Mientras por todas partes de manera constante se oye hablar de innovación, relevo generacional y transparencia, en el Tolima los nombres que dominan la agenda pública son los mismos de hace tres décadas.

El caso de Emilio Martínez Rosales no es solo la historia de un político más; es el síntoma de un sistema que se niega a renovarse y de una ciudadanía que, a veces por costumbre o por necesidad, permite que las vergüenzas del pasado sigan proyectándose sobre el futuro.

Hablar de Martínez Rosales es recordar uno de los episodios más oscuros del legislativo colombiano. Su paso por la Presidencia de la Cámara de Representantes no terminó en aplausos, sino en un escándalo de irregularidades en la contratación que derivó en una sanción traducida en inhabilidad perpetua para ejercer cargos públicos.

En cualquier democracia madura, una "muerte política" de tal magnitud significaría el retiro absoluto y el ostracismo. Sin embargo, en el Tolima, y específicamente desde su fortín en El Espinal, Emilio Martínez ha demostrado que no necesita un escritorio oficial para seguir "dando lora". Su poder se ha transformado en una suerte de sombra que hoy promueve candidaturas, negocia cuotas y decide rumbos políticos a través de su estructura familiar.

¿Por qué nos cuesta tanto avanzar?. Es la pregunta que suele aparecer con frecuencia en los tertuliaderos de Ibagué y los municipios, por ejemplo, en el Café Águila del Líbano es discusión obligada, y por supuesto en los sectores académicos. Lo cierto es que la presencia constante de figuras cuestionadas genera un techo de cristal para los nuevos liderazgos.

Cuando las estructuras de poder están tan rígidamente controladas por gamonales de vieja data, el joven preparado con especialización y maestría, el líder social o el técnico brillante, encuentran las puertas cerradas a menos que se arrodillen ante el "cacique" de turno. Ese es el paisaje que vemos a diario: largas filas de jóvenes profesionales “implorando” un contrato a un politiquero de turno.

El Espinal y el Tolima merecen más que ser el tablero de ajedrez de quienes ya tuvieron su oportunidad y la desperdiciaron entre escándalos y procesos judiciales. La insistencia de Martínez Rosales en ser protagonista de la vida pública, a pesar de su situación legal, es un desafío a la institucionalidad y una señal de que, para él, la sanción moral no existe. Con qué autoridad moral sale ahora hacer cuestionamientos a otros sectores políticos, como quedó evidenciado en una nota del periodista Alejandro Hernández en Caracol Radio Ibagué.

Mientras sigamos validando estos liderazgos desde la periferia, el departamento seguirá condenado a una política de clientelas y favores. Es hora de entender que la verdadera renovación comienza en las urnas, dejando atrás a quienes, por ley y por decencia, ya deberían haber cerrado su ciclo. El Tolima no puede seguir siendo el reino del eterno retorno. No vaya a ser que por ahí, de contera, se nos aparezca en estos días de campaña otro u otros ‘prohombres´, entre ellos alguno proveniente de Francia.

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