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El último rebelde de la radio: Iván Mejía Álvarez
“Me siento como el nueve que se vuelve a poner la camiseta, sabiendo que sabe hacer goles”, le dijo el viernes pasado Iván Mejía a Hollman Morris, en la confirmación de su regreso a comentar fútbol, ahora por RTVC.
Periodista sin pelos en la lengua, con fama de polémico, pero conocedor y serio, por eso ha sido, junto a Hernán Peláez, uno de los más respetados dentro del análisis del fútbol.
En la historia del periodismo colombiano, pocas voces han tenido el peso gravitacional de Iván Mejía Álvarez. Durante décadas, su veredicto tras un partido de la Selección Colombia tenía el poder de elevar a un técnico a los altares o de hundirlo en el exilio deportivo.
En un país donde los jugadores de fútbol más encumbrados y figuras de otros deportes —y también artistas y referentes de la llamada crónica deportiva— suelen orbitar por inercia o conveniencia en favor de los sectores de la derecha tradicional, la transformación de Mejía en el defensor más feroz de la gestión de Gustavo Petro resulta, para muchos, un fenómeno tan extraño como fascinante.
“Cambiar la forma de elegir magistrados. Una reingeniería de país. Vamos a firmar para apoyar la Constituyente. El pueblo es soberano”.
Si bien desde hace rato los mensajes de Mejía a través de su cuenta en X dejaban ver su preferencia y defensa del actual gobierno, en las últimas semanas esos mensajes no solo se volvieron más asiduos a favor del presidente Petro, sino que la carga argumentativa subió de tono.
La metamorfosis de un incómodo
A partir de una entrevista de hace apenas unos meses, concedida al también periodista deportivo Rafael Villegas, el reconocido y polémico comentarista Iván Mejía Álvarez no solo expresó su apoyo al progresismo, sino que confesó que era de izquierda.
Entonces, para entender al Mejía “petrista”, hay que recordar al Mejía “anti-dirigencia”. Su alineación con la izquierda no parece nacer de una lectura dogmática de El Capital, sino de un hastío sistémico. Mejía siempre fue el enemigo número uno de la “oligarquía del fútbol”: esos directivos de saco y corbata que manejaban —o mejor, aún manejan— el deporte como un feudo privado.
“Para poder acabar con ese antro CNE, limpiar las cortes de ‘mafistrados’ torcidos, hacerle cirugías a las IAS, hay que votar por Cámara y Senado por el Pacto. Sin una gran votación que asegure las reformas y la Constituyente no se hace nada”.
Hoy, para Mejía, la política colombiana es el reflejo de esa misma dirigencia deportiva que tanto combatió. Al apoyar a Petro, no está simplemente abrazando una ideología; está lanzando un zapatazo contra el statu quo que él considera responsable de la “podredumbre” nacional.
La eficacia de Mejía en redes sociales radica en que no ha cambiado su estilo. Sigue siendo el mismo analista ácido que no usa eufemismos. En su cuenta de X, la política la narra con la víscera del fútbol: para él, la oposición son jugadores que “tuvieron su oportunidad y no hicieron un gol”, o figuras que juegan sucio para no perder el control del estadio. A la prensa tradicional, a la que perteneció, ahora la ve como una “hinchada comprada” que solo grita los goles de un bando.
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“Se habían enseñado a comerse la pauta del Estado para hablar bien del sistema y el gobernante de turno. ¿Entienden el odio de los grandes medios contra el progresismo que no los patrocina?”
Por su parte, al actual gobierno lo defiende como quien apoya a un técnico que intenta cambiar la táctica de un equipo que lleva 50 años perdiendo, aunque el árbitro y los jueces de línea (las instituciones) estén en su contra.
Quiebre generacional
Este giro ha provocado un quiebre generacional y profesional. Mientras otras figuras del periodismo deportivo se han consolidado como defensores opuestos al progresismo, Mejía se ha convertido en el faro de la resistencia popular y el cambio disruptivo. Esta dualidad ha provocado que la audiencia deportiva de Colombia se fracture: ya no solo se dividen por ser de Millonarios o Santa Fe, de Nacional o América, sino por ser “mejistas” (pro-gobierno) o por alinearse con las voces críticas, encabezadas por César Augusto Londoño.
“El periodismo al servicio de los poderosos dueños de los medios. Lo anticiparon Gossaín y García Márquez”.
El caso de Iván Mejía es único porque representa la libertad del que ya no tiene nada que perder. Al estar fuera de la nómina de los grandes conglomerados económicos, se ha permitido el lujo de la autenticidad plena. Ahora que, después de ocho años de retiro formal, acaba de anunciar su regreso para comentar el próximo Mundial de fútbol por Señal Colombia, seguramente será más independiente que nunca.
Su alineación con la izquierda no es una contradicción, sino la última etapa de su carrera. Al final del día, Mejía sigue haciendo lo mismo que hacía en El Pulso del Fútbol: señalar lo que él considera una injusticia, llamar a las cosas por su nombre y, sobre todo, no dejar a nadie indiferente.
“Cortesano de palacio. Meretriz del establecimiento, Julito se mete 200 millones mensuales y sufre por el mínimo y la pensión del pueblo”.
Podrán acusarlo de sesgado, de agresivo o de radical, pero nadie podrá negarle que, en un país de silencios cómodos y alineaciones predecibles, Iván Mejía Álvarez sigue siendo el único comentarista que se atreve a decir que el partido de la historia colombiana se está jugando con las cartas marcadas y que él, por primera vez, ha decidido jugar para el equipo de los que nunca ganan.
“Un periodista de verdad. Nada que ver con los logreros y esclavos de la pauta, amanuenses del poder de turno, lambones de profesión que abundan hoy en los medios. Castellanos (Alfonso), un maestro”.
El aporte
La postura de Mejía no ha pasado inadvertida para el periodismo deportivo. Su aporte al debate ha permitido que este sector de la prensa deje de ser una “isla” ajena a la realidad nacional.
En esa ruptura con el “Establecimiento Periodístico”, Mejía ha lanzado dardos a figuras como César Augusto Londoño o directivos de medios tradicionales, acusándolos de ser “tibios” o de cuidar la pauta publicitaria por encima de la verdad. Y ahí Mejía se posiciona como el único que, según sus seguidores, no tiene precio.
“Así es todo, descachado, errático, mediocre, trepador y lameculos de los directivos”.
La respuesta del público por su destape de “izquierdista” es, indudablemente, un termómetro de la división en la que ha vivido el país. Se pueden identificar tres tipos de reacciones en sus redes sociales:
Los “leales”, aquellos que lo escucharon por más de 30 años y que, aunque no coinciden con Petro, lo respetan por su coherencia en la irreverencia. Lo ven como el “tío regañón” que tiene derecho a decir lo que quiera.
La “nueva guardia petrista”, es decir, aquellos jóvenes que quizás nunca lo escucharon comentar un partido en los 90, pero que hoy lo ven como un referente de opinión. Para ellos, Mejía es un “influencer de peso” que valida su voto. Ahora, en RTVC, afianza ese criterio.
“Presidente (Petro), ignórelos, no los peine, déjelos ser brutos, ignorantes, malintencionados, uriburros”.
Los “inconformes”, un sector de la audiencia que se siente traicionado. En los comentarios de sus publicaciones abundan frases como: “Usted era mi ídolo en el fútbol, pero en política se volvió un ciego”. Pero a Mejía, fiel a su estilo, esto parece importarle poco; suele responder con un bloqueo o con un sarcasmo que aviva más el fuego.
Iván Mejía Álvarez siempre fue conocido por ser el “pulso” de la opinión ácida en Colombia, pero su transición de crítico deportivo a figura de opinión política activa en redes sociales ha roto el molde del periodista tradicional colombiano. Al alinearse con Petro, mantiene su esencia de estar en contra de las élites tradicionales —el “establecimiento”— que siempre ha despreciado en el deporte.
“Plazas llenas. ¡En primera vuelta!”
Iván Mejía Álvarez, el hombre que durante décadas dictó sentencia sobre el fútbol colombiano con una lengua de fuego, ha regresado —quizás más frentero que nunca— con el rótulo intacto de ser, junto a Hernán Peláez, el comentarista deportivo más influyente del país. Mejía, que por ocho años dejó de analizar fueras de lugar para convertirse en el defensor más inesperado y feroz del proyecto de Gustavo Petro, vuelve al ruedo del comentario deportivo.
*Henry Rengifo Hernández.
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