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El migao, otro plato tolimense para degustar

El migao, otro plato tolimense para degustar

Por Oscar Viña Pardo


Los colombianos solemos celebrar la vida alrededor de la comida. El tamal y la lechona del Tolima cargan décadas de prestigio bien ganado: uno por su sazón irrepetible; la otra, por conquistar paladares más allá de nuestras fronteras. Sin embargo, la memoria culinaria no se agota en los platos más famosos. Hay recetas humildes que esperan su turno para ser nombradas con orgullo.

Entre esas preparaciones aparece el migao, una mezcla que no presume, pero convence. Chocolate espeso, mejor con azúcar, aunque para gustos no hay disgustos, acompañado de queso, almojábana, achira, cuajada o ese pan que se deja hundir sin resistencia. El encanto está en la cucharada lenta, en el vapor que sube y en el hilo del queso que se estira cuando la bebida alcanza el punto exacto.

Hoy el migao se adapta a los tiempos sin perder identidad. Ya se consigue con leche entera, como manda la costumbre, pero también con versiones que amplían el repertorio: sin leche, al estilo de los amantes del chocolate en el Eje Cafetero; con leche de almendras para quienes prefieren alternativas vegetales; más liviano o más denso, según el antojo del día.

En Ibagué, al menos una decena de restaurantes lo ofrecen como desayuno, merienda o “algo” a media mañana. Algunos recuerdan aquel local de Piedrapintada, ya cerrado, donde se servía el chocolate en olleta pequeña y los acompañantes reposaban en una vasija aparte, como si cada elemento pidiera su propio respeto. Desde entonces, el migao encontró camino y comensales.

Hay quienes se atreven a precederlo con tamal y aun así dejar espacio para la taza humeante. Son pocos, pero existen. En lugares como la Casa de la Almojábana, el ritual se repite desde temprano: mesas ocupadas, conversaciones pausadas y cucharas que regresan una y otra vez al fondo del pocillo.

Aunque en el Tolima se le nombra con cariño, el espíritu del migao no es exclusivo. En otras regiones de Colombia, el chocolate con queso o con pan también reina: en Antioquia, Santander y Boyacá; en el Eje Cafetero, donde la leche suaviza el amargo; incluso en países como México o España existen rituales similares que combinan pan y chocolate caliente como acto cotidiano de identidad. La diferencia está en el resto de viandas que componen nuestro migao.

Por eso, el migao merece un lugar entre nuestros platos tradicionales. No como moda pasajera, sino como herencia viva. Consumirlo es un gesto simple: sentarse, compartir y reconocer que, en una taza espesa y dulce, también se cuenta la historia del Tolima. al final si lo quiere con huevos revueltos o con tamal es de gustos y de buen estómago. 

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