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Luz de esperanza en Gamboa
Foto suministrada.
Para Yineth Cárdenas, habitante del corregimiento Gamboa, el pasado 9 de diciembre no fue un día cualquiera; fue el inicio de una transformación esperada por años. Ella recuerda cómo el proceso de modernización del alumbrado público empezó a recorrer los caminos de su región, llevando el equipo operativo de Infibagué a rincones donde la luz amarilla de sodio apenas lograba disipar la penumbra. Hoy, la realidad es distinta para las familias de las veredas El Salitre, El Tambo, Perico, Gamboa, Curalito y Porvenir, quienes ahora transitan bajo la potente y nítida luz blanca de la tecnología LED.
La labor no fue sencilla y requirió más que solo cambiar bombillas. El personal del instituto tuvo que enfrentarse a la densa vegetación del campo, realizando jornadas de poda y despeje de farolas para asegurar que cada uno de los 150 nuevos puntos de luz cumpliera su propósito. Este esfuerzo técnico garantiza que las luminarias, más resistentes y duraderas, emitan menos calor y sean aliadas del medio ambiente, transformando la percepción de seguridad de quienes regresan a sus hogares tras las jornadas de labores agrícolas.
“Estamos muy agradecidos con la alcaldesa Johana Aranda; en nombre de toda mi comunidad le damos las gracias porque ella tiene muy en cuenta a las personas del campo”, relata Yineth con la voz de quien se siente escuchada. Para la líder comunitaria, el valor de esta obra radica en la cercanía de la administración, destacando que la posibilidad de hablar directamente con la mandataria ha permitido que las necesidades más sentidas de la zona rural encuentren soluciones reales y tangibles en su día a día.
Este brillo que hoy abraza a Gamboa es parte de una onda de modernización que se extiende por toda la geografía rural de la Capital Musical. El Cañón del Combeima ya cuenta con 505 nuevas luminarias, mientras que veredas como Santa Teresa han visto la instalación de 124 puntos. El compromiso de llevar la tecnología LED a cada rincón del municipio avanza sin pausa, llegando también a sectores como La Flor, Potosí, La Florida, y los corregimientos de Dantas y Laureles.
La llegada de estas luces blancas no solo representa un avance técnico, sino un acto de justicia con el sector rural, permitiendo que la noche ya no sea un obstáculo para el encuentro vecinal o el desplazamiento seguro. Con cada luminaria encendida, se reafirma que el desarrollo de la ciudad no se detiene en las fronteras del casco urbano, sino que llega hasta las montañas donde nace la productividad del departamento.
Al final de la jornada, ver las veredas iluminadas es el reflejo de una gestión que prioriza el bienestar humano y la sostenibilidad. En Ibagué, el cambio de sodio a LED en el campo es la prueba de que el progreso se construye desde las bases, con tecnología de vanguardia y un diálogo constante con la comunidad. Definitivamente, en cada vereda y en cada rostro agradecido, se siente que Ibagué es una nota.
*Con información de la oficina de prensa de la Alcaldía de Ibagué
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