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El zumbido de la vida: la batalla global y local por salvar a las abejas

El zumbido de la vida: la batalla global y local por salvar a las abejas

Imagen de archivo.

Por Mauricio Arcila

Redactor El Cronista.co


Cada 20 de mayo, el mundo conmemora el Día Mundial de las Abejas, una fecha instaurada por las Naciones Unidas en 2017 a propuesta de Eslovenia. Esta jornada rinde homenaje a Anton Janša, pionero de la apicultura moderna, y busca despertar la conciencia colectiva sobre la importancia de los polinizadores. Las abejas no solo sostienen la biodiversidad global, sino que son el motor silencioso de la agricultura mundial; según datos de la FAO, son responsables de la polinización de más del 75 % de los cultivos que alimentan a la humanidad, por lo que su supervivencia está directamente ligada a nuestra seguridad alimentaria.

Sin embargo, el panorama actual para estos insectos es alarmante. El avance del cambio climático, la deforestación, la expansión de los monocultivos y el uso indiscriminado de pesticidas han provocado un declive crítico en sus poblaciones. La pérdida de estos polinizadores tradicionales pondría en jaque la disponibilidad de frutas, verduras y semillas, transformando drásticamente nuestras dietas y debilitando los ecosistemas naturales. Ante esta crisis, la ONU ha sido enfática: proteger a las abejas no es un asunto menor, sino una estrategia indispensable para garantizar el futuro de la nutrición humana.

En el ámbito local, el departamento del Tolima ha decidido tomar la iniciativa para blindar este sector estratégico. Con más de 6.850 colmenas registradas y una producción anual de 130 toneladas de miel —lo que representa un crecimiento del 30 % desde 2020—, el Comité Departamental de la Cadena Productiva de las Abejas y la Apicultura suscribió un ambicioso Acuerdo de Competitividad Apícola (2025-2035). Esta ruta de desarrollo busca articular a productores, academia y autoridades para fortalecer la economía de más de 680 familias rurales y asegurar el equilibrio biológico de la región.

A pesar de estos esfuerzos, surgen nuevas amenazas imprevistas en entornos urbanos como Ibagué, donde el tulipán africano se ha convertido en un enemigo silencioso. Aunque este árbol adorna las calles con llamativos colores rojizos, las autoridades ambientales, bajo la dirección de Humberto Leal (director de Ambiente, Agua y Cambio Climático), han advertido que se trata de una especie invasora altamente tóxica. Su néctar, especialmente durante el primer día de floración, contiene sustancias venenosas que resultan letales para las abejas, sumando un peligroso factor de riesgo local que exige intervención inmediata.

La conservación de las abejas requiere ir más allá de las celebraciones anuales y transformarse en un compromiso normativo, agrícola y ciudadano cotidiano. Reducir el uso de agroquímicos, frenar la siembra de especies invasoras como el tulipán africano y promover métodos agrícolas sustentables son pasos urgentes para asegurar su supervivencia. Proteger a los polinizadores es proteger la cadena de la vida; asegurar un entorno seguro para su zumbido es, en última instancia, garantizar la sostenibilidad ecológica y el derecho a la alimentación de las futuras generaciones.

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