Salud
Las quemaduras con pólvora pueden dejar daños psicológicos que llegan a ser irremediables
Falta el puente de Reyes y las autoridades piden a los adultos evitar que tanto ellos como los menores de edad se abstengan de hacer uso de pólvora.
“Como psicólogo de una unidad de quemados, he podido observar luego de un riguroso proceso de evaluación psicológica a pacientes con quemaduras de segundo y tercer grado que debían estar varios días hospitalizados, por la extensión y lo riesgoso de sus lesiones producto de quemaduras con pólvora, síntomas de estrés postraumático. La literatura científica nos dice que entre el 18 y 35% de los adultos y el 29% de los niños menores de 6 años que sufren quemaduras desarrollan trastorno por estrés postraumático”, cuenta Martín Alberto Velarde Rojas, representante Regional del Campo Psicología Clínica del Capítulo Antioquia del Colegio Colombiano de Psicólogos - Colpsic.
Infortunadamente todavía miles de personas no pueden tener un festejo sin pensar en comprar pólvora. Las quemaduras provocadas por la pólvora es quizás uno de los accidentes más comunes, especialmente durante la época de fin de año.
Según datos recientes del Instituto Nacional de Salud (INS), entre el 1 y el 8 de diciembre de 2025 ya se contabilizan 279 casos de personas heridas por pirotecnia en todo el país, de los cuales 172 ocurrieron durante la noche de velitas; un 30 % de estas víctimas son menores de 18 años.
De acuerdo con Velarde Borjas, “si bien es alentador que aún no se reporten fallecimientos relacionados con el uso de la pólvora, la magnitud de las lesiones hace que se produzcan daños psicológicos irreversibles en el herido y sus familiares”.
Además, afirma que los procesos de curación, que incluyen, por ejemplo, el tejido muerto con dermoabrasiones, cauterizaciones, cirugías reconstructivas e infructuosas cicatrizaciones, generan en el paciente otros efectos psicológicos como ansiedad y depresión.
La gravedad de la lesión también influye en el impacto o secuela psicológica que deja el accidente. De acuerdo con Velarde, las quemaduras leves, usualmente, no pasan de un buen susto y un llamado de atención.
Cuando se trata de quemaduras en segundo grado, la preocupación tiene que ver más con el aspecto físico, si la herida va a dejar una cicatriz visible o alguna marca. “En tercer grado, cuando hay pérdida sustancial de los tejidos de la piel, ya se observan efectos psicológicos profundos como los antes mencionados. Hay casos donde la lesión es tan grave que implica la amputación de algún miembro, autores como Gallagher & MacLachlan (2000) hablan de que en este tipo de lesiones se vive un “doble duelo”, el primero por la pérdida del miembro y su funcionalidad y un segundo de orden más psicológico donde se experimenta la pérdida de identidad, autonomía, dignidad y el rol social”, afirma el experto.
El acompañamiento a la familia también es fundamental
El caso de las quemaduras con pólvora no es la excepción. “A nivel familiar luego de la lesión comienza una crisis, la desesperación, el miedo y la incertidumbre se hacen presentes en el familiar del paciente quemado, en el caso de los padres de un menor aparecen sentimientos de culpa, que se evidencia en frases como “no debí comprarle” “debí estar allí para ayudarlo” o en una culpabilización mutua entre familiares”, afirma el experto.
Afectación al personal médico
Finalmente, en medio de una tragedia ocasionada por una quemadura con pólvora, también se encuentra el personal médico, que tiene que enfrentarse a procesos llenos de tristeza y angustia, especialmente si la víctima es un menor de edad.
“El impacto psicológico de ver un paciente quemado, sobre todo un niño es emocionalmente demandante, puede producir paulatinamente miedo, culpa por no poder ayudar o salvar a los pacientes, ansiedad, estrés, desesperanza, desinterés, falta de atención, anhedonia, agotamiento, falta de energía o enfermedades psicosomáticas. Mi aporte para disminuir esta problemática fue habilitar un día de consulta externa solo para el profesional de salud, en donde se abordaba el desgaste que viene de la mano con el quehacer médico, específicamente con el paciente quemado”, concluye.
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