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Martha Isabel Rojas Yanini: La arquitecta que diseña ciudadanía en Ibagué

Martha Isabel Rojas Yanini: La arquitecta que diseña ciudadanía en Ibagué

“No hemos sido capaces de desarrollar una ciudad digna para los ibaguereños”: Martha Isabel Rojas Yanini, la arquitecta que no traga entero.

Después de entablar un diálogo franco y abierto sobre la ciudad, es fácil comprender el malestar que le genera a la arquitecta Martha Isabel Rojas Yanini, lo que se ve a diario en Ibagué en materia de urbanismo. “Ibagué padece una enfermedad crónica: la falta de planeación”.

Su voz se ha vuelto familiar en los escenarios donde se discute el futuro de la "Capital Musical", siempre señalando con agudeza cómo las administraciones municipales suelen postergar lo esencial. Con una valentía que incomoda a la desidia, ha sido una voz crítica frente a las sucesivas administraciones municipales, señalando la falta de planeación que condena a la ciudad al caos.

Su lucha no es estética, es humana. Martha Isabel ha hecho de la defensa del espacio público su bandera principal, entendiendo que este es el único escenario donde la democracia se hace tangible. Para ella, una acera invadida o un parque descuidado no son solo fallas urbanísticas, sino síntomas de una gestión que le da la espalda a sus habitantes.

Inclusión y medio ambiente: los pilares de su gestión

Uno de los puntos más altos de su activismo es la exigencia de una Ibagué accesible. Rojas Yanini ha sido una crítica feroz de las barreras arquitectónicas que confinan a las personas con movilidad reducida. Su visión de ciudad es inclusiva: si un ciudadano en silla de ruedas no puede transitar con dignidad, la ciudad simplemente no funciona.

A esto se suma su compromiso con el medio ambiente, abogando por proyectos que armonicen con el paisaje tolimense y no que lo destruyan en nombre del progreso mal entendido. Y también sale en defensa del patrimonio arquitectónico de la ciudad como cuando pidió un oportuno mantenimiento del edificio San José.

El poder de la vigilancia ciudadana

Entendiendo que la crítica es estéril si no se acompaña de la acción, la arquitecta decidió organizar la esperanza. Junto a un grupo de colegas, fundó la veeduría ciudadana de arquitectos, VEECU, un faro de vigilancia técnica y social desde donde se proponen proyectos que buscan devolverle la dignidad al entorno urbano. Desde este espacio técnico y social, ha logrado lo que pocos: sentar a la academia y a los profesionales a vigilar de cerca la ejecución de los proyectos de ciudad, exigiendo transparencia y rigor técnico a quienes ostentan el poder.

No hemos sido capaces de desarrollar una ciudad digna para los ibaguereños”. Y por ello, recuerda que Ibagué reclama un acueducto que la surta las 24 horas, un alumbrado público eficiente, una ciudad para la tercera edad, una ciudad que está en mora de contar con un sistema de transporte público moderno, una ciudad que le brinde oportunidades a los jóvenes. Una ciudad sin barreras.

Un reconocimiento a la coherencia

Este esfuerzo constante no ha pasado inadvertido. La Personería de Ibagué le otorgó recientemente un reconocimiento por su invaluable trabajo social y comunitario. Este premio resalta una labor que muchas veces es silenciosa, pero fundamental para evitar que la ciudad se convierta en una selva de cemento sin alma.

Rojas Yanini desde su experiencia y veteranía, representa a esos profesionales que les duele la ciudad, que les molesta que todo se haga a los ‘brochazos’ o las obras queden a mitad de camino. Su oficina es la calle, su plano es el bienestar común y su mayor obra es, sin duda, la construcción de una conciencia ciudadana que ya no se conforma con menos de lo que merece.

Se puede afirmar que Martha Isabel es la arquitecta de la dignidad y la lucha por una Ibagué ordenada. En las calles de Ibagué, donde el asfalto muchas veces olvida al peatón y el concreto ignora el paisaje, ella camina y ve la ciudad no como un conjunto de edificios, sino como un organismo vivo que debe ser justo para todos. Rojas Yanini no es solo una arquitecta de planos y estructuras; es una arquitecta de la ciudadanía.

Ella nos recuerda que la ciudad es de quienes la habitan, la sufren y la sueñan. Su legado no está escrito en grandes monumentos de mármol, sino en la persistente exigencia de una Ibagué más humana, más verde y, sobre todo, más justa. Su lucha es para que Ibagué tenga un futuro mejor.

En eso concluye que Ibagué tiene un área desperdiciada donde se puede hacer una gran reforma urbana. “Desde las calles 14 a la 28 entre primera y séptima, ahí está la ciudad del futuro y no tenemos necesidad de más planes parciales”, concluye.

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