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El mayor tesoro de Colombia
Por Alba Lucía García Suárez
*Abogada Universidad Externado de Colombia
Si mañana el campo colombiano dejara de producir, el país entero lo sentiría. Y es que subirían los precios de los alimentos, caerían las exportaciones, miles de empleos desaparecerían y buena parte de las economías regionales se paralizarían.
Esa sola idea demuestra que el campo no es un sector más de la economía. Es uno de los activos más importantes que tiene Colombia.
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Lo paradójico es que, siendo una de nuestras mayores fortalezas, sigue esperando las decisiones que durante décadas le han prometido. Los problemas continúan, vías terciarias deterioradas, distritos de riego que nunca terminan, acceso limitado al crédito, baja asistencia técnica, inseguridad rural y escasa capacidad para transformar sus productos y venderlos con mayor valor agregado.
Eso sí, los campesinos ya se acostumbraron a asumir el riesgo del clima, de las plagas, de la volatilidad de los mercados. Trabajando más, arriesgando más y, muchas veces, ganando menos.
El error ha sido mirar el campo únicamente desde una perspectiva social, cuando en realidad es una apuesta económica. Un país que fortalece su agro produce más, exporta más, atrae inversión y dinamiza las regiones. No es casualidad que las economías más sólidas protejan estratégicamente a sus productores.
Colombia no necesita descubrir una nueva fuente de riqueza. Ya la tiene. Está sembrada en sus regiones, trabaja todos los días y sigue sosteniendo buena parte de la economía nacional. Lo único que falta es dejar de tratar el campo como una carga y asumirlo como un motor de desarrollo, como el mayor tesoro de Colombia.
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