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El talento desperdiciado: La barrera invisible que excluye a los discapacitados del empleo
Edilberto Alape, tecnólogo en agronomía del SENA con especialización en nanotecnología.
Edilberto Alape Valencia no es solo un nombre en las estadísticas de desempleo; es un tecnólogo en agronomía del SENA con especialización en nanotecnología que hoy se ve obligado a "rebuscarse" la vida en la informalidad. Su situación pone de manifiesto una contradicción dolorosa: mientras el marco legal colombiano promueve la inclusión, la realidad en las calles muestra que el talento de personas con limitaciones motrices es sistemáticamente ignorado por el sector empresarial. Edilberto, un experto en maquinaria agrícola y procesos técnicos, hoy sobrevive con trabajos diarios que no exigen ni una fracción de su intelecto, demostrando que el verdadero obstáculo no es su cuerpo, sino la falta de visión de quienes contratan.
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La trayectoria de este profesional está forjada en la resiliencia, tras ser desplazado por la violencia del sector de Las Hermosas, en Chaparral, donde su familia perdió una finca a manos de la guerrilla. Este pasado trágico, lejos de amilanarlo, lo impulsó a estudiar para recuperar su dignidad a través del conocimiento de la tierra, convirtiéndose en el soporte de su anciano padre y su hija. Sin embargo, al presentar su hoja de vida, las empresas parecen ver solo su limitación física y no su capacidad de operar tractores o gestionar cultivos, ignorando que el derecho al trabajo es fundamental para la reparación integral de las víctimas del conflicto.
Con una claridad contundente, Edilberto denuncia que la estigmatización laboral es una forma de ceguera corporativa, pues sostiene que los trabajadores con discapacidad suelen ser más responsables, disciplinados y enfocados que quienes no enfrentan estos retos. Él afirma que su condición motriz no afecta su capacidad cognitiva ni su ética de trabajo; por el contrario, su deseo de superación lo hace un activo valioso que las empresas rechazan por prejuicios infundados. Esta exclusión no solo vulnera un derecho constitucional, sino que castiga la meritocracia, dejando a profesionales brillantes en la periferia de la economía formal simplemente por "no encajar" en un molde estético o funcional tradicional.
Actualmente, Edilberto sobrevive con apenas 50.000 pesos, “cuando le dan despegue” en el sector comercial informal de Ibagué, gracias a la solidaridad de un amigo y al apoyo de su hermana. Su lucha por renovar su licencia de conducción y acceder a un empleo digno es un llamado de atención a la sociedad y al gobierno para que las leyes de inclusión dejen de ser papel mojado. Para las empresas que se atrevan a romper el ciclo de la discriminación y valorar su vasta experiencia técnica, Edilberto está disponible en los números 301 344 8834 y 318 640 9003. Su caso es la prueba de que lo que falta no es capacidad en los trabajadores, sino voluntad y humanidad en los empleadores.
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