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José Alfredo Jiménez o el centenario del poeta de la sentimentalidad

José Alfredo Jiménez o el centenario del poeta de la sentimentalidad

José Alfredo Jiménez, cien años

Celebrar el centenario de José Alfredo Jiménez (19 de enero de 1926- 19 de enero de 2026) no es solo conmemorar el nacimiento de un músico, sino rendir homenaje al filósofo de la parranda y al poeta del desconsuelo. En esta centuria su legado ha trascendido las fronteras de México para convertirse en el patrimonio sentimental de toda Hispanoamérica, con un arraigo casi místico en tierras colombianas.

Para muchos José Alfredo Jiménez, es el Rey de la Sentimentalidad. Hablar de José Alfredo Jiménez es hablar de la educación emocional de un continente. A cien años de su nacimiento, su figura no se lee en los libros de historia, sino que se siente en cada rincón donde una guitarra y una botella de tequila o aguardiente se encuentran.

Para otros es catalogado como el cronista popular, pues José Alfredo no escribía canciones, plasmaba sentencias de vida y amor. Con su música eterna logró la  universalidad del sentimiento. Sus temas sobre el destino, el orgullo, la derrota y la redención permitieron que el hombre y la mujer común encontraran las palabras exactas para cuando hay dolores que produce el despecho y el desconsuelo.

Frases memorables como “yo sé bien que estoy afuera", le dieron dignidad a la soledad; o como cuando "con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero", no es otra cosa que elevar la voluntad por encima de la carencia material.

Su nacimiento se dio en Dolores Hidalgo, México, pero en Colombia hay sectores que lo consideran que ésta es su segunda patria. El vínculo con Colombia es pleno, a tal punto que el hecho de que muchos colombianos en algún momento de su vida se han sentido mexicanos es gracias al influjo cultural de José Alfredo Jiménez. Para decirlo de otra manera, en Colombia su música dejó de ser extranjera para volverse propia.

Desde las cantinas de todos los pueblos y las zonas rurales hasta los sitios más encopetados, en las reuniones familiares en los Andes o los Llanos o el Eje Cafetero, José Alfredo es infaltable, es el invitado de honor.

Sí hoy la música popular en Colombia ha logrado escalar con fuerza, es gracias a la inspiración de este grande de la música mexicana, que en su canciones sabe, como ninguno, describir lo que es el primer amor, la traición, el duelo y la reconciliación. Pero también ha sido un refugio espiritual, porque en momentos de crisis social, sus canciones han servido como una catarsis colectiva, un recordatorio de que, a pesar de todo, "la vida no vale nada" si no se vive con pasión.

Lo cierto es que cien años después, José Alfredo Jiménez sigue siendo "El Rey" porque supo transformar el dolor individual en un canto compartido. Su aporte cultural es la validación del sentimiento. Enseñó, como lo dijo un famoso técnico de fútbol en Colombia, que perder también es una forma de ganar si se hace con orgullo.

En ese sentir colombiano para una gloria perenne de la música popular, oportuno hacer un repaso por cinco de sus canciones poderosas que en Colombia indudablemente no son solo música, son rituales de identidad y desahogo.

El Rey

Es, sin duda, el himno nacional de la bohemia en Colombia. Se convirtió en el grito de resistencia del hombre y la mujer que, ante la adversidad económica o amorosa, deciden mantener su dignidad intacta. En las ferias y fiestas de nuestros pueblos, en el altiplano, en la cordillera es la canción de la madrugada cuando la parranda termina. Con esa canción es como unificar todas las clases sociales en un solo coro.

Si Nos Dejan

En Colombia, donde la tradición del mariachi en vivo es casi un requisito en celebraciones, esta pieza ha sellado miles de compromisos y reconciliaciones. Representa la fe en el amor frente a las convenciones sociales, un tema muy arraigado en toda la geografía colombiana.

La Media Vuelta

Esta canción elevó el estatus de la música ranchera en el país, permitiendo que llegara a los salones más elegantes. Su letra, que habla de dar libertad al ser amado para que luego regrese por voluntad propia, resuena profundamente en la psicología del "despecho" colombiano, donde el honor se mide en la capacidad de dejar ir.

 Ella (Me cansé de rogarle)

Con esta canción dicen los expertos se introdujo la narrativa de la derrota absoluta en la cantina, un escenario que en Colombia se volvió un espacio de catarsis social. Es la canción que describe ese momento en que el dolor se vuelve tan grande que solo el canto puede aliviarlo.

En el Último Trago

Esta canción es algo así como un símbolo de la camaradería colombiana. "Beberse el último trago" antes de una partida o un adiós es un rito casi sagrado en la cultura colombiano. La canción resalta esa mezcla de melancolía y aceptación que el colombiano maneja tan bien: saber que algo terminó, pero despedirse con un brindis en lugar de un reproche.

Y el listado sigue y es grande, y es interminable: ‘Camino de Guanajuato’, ‘Un mundo raro’, ‘Paloma querida’, ‘Te solté la rienda’, ‘Amanecí en tus brazos’, ‘El hijo del pueblo’, ‘Llegó borracho el borracho’, ‘El caballo blanco’, ‘Que te vaya bonito’, ‘Pa’ todo el año’. Son más de 300 composiciones. Un ‘monstruo’ José Alfredo Jiménez.

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