Destacadas
El Día del Tolima
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, historiador, docente
El 12 de abril de 1861, el general Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878) —tras vencer en la guerra civil de 1860-1862 y ser nombrado presidente de facto de la Confederación Granadina— decretó la creación del Estado del Tolima. Este se convirtió en el noveno de los recién creados, Estados Unidos de Colombia, conformado por las provincias de Mariquita y Neiva, ambas segregadas del entonces poderoso estado de Cundinamarca.
Los motivos de su fundación buscaban validar en el territorio a los vencedores del conflicto: los belicosos liberales caucanos y la élite terrateniente tolimense, fortalecida por la producción de tabaco. Que según el economista Kalmanovitz: «El Estado Soberano del Tolima se fundaría sobre los rescoldos del auge tabacalero de Ambalema».
Pero lo que la guerra une, también lo separa. Tras la derrota en la Guerra de los Mil Días, en 1905, el territorio fue nuevamente diseccionado, surgiendo en el sur —alrededor de Neiva— el actual departamento del Huila. Aunque el perverso dios Marte perdió la batalla al intentar separarnos social y culturalmente, como recordaba el gran compositor Jorge Villamil: «El Tolima y el Huila no son solo hermanos mellizos, sino siameses».
- Puede leer: De regreso a casa
Durante el siglo XX, también llamado el «siglo de las guerras», el departamento fue agredido por los conflictos nacionales, en especial por la época de «La Violencia». Miles de tolimenses se desplazaron hacia la frontera agrícola del país, poblando los Llanos Orientales, la Orinoquía y la Amazonía, fundando pueblos y abriendo trochas y carreteras. Esta odisea aún está por contarse.
Para resarcir los efectos de esta hecatombe, el gobierno central construyó grandes edificaciones como la Gobernación y el Banco de la República. No obstante, también surgieron instituciones sociales como la Casa del Niño (situada en la calle 19 con carrera 3ª), que funcionaba como sala cuna para albergar a los miles de huérfanos del conflicto. Esas cicatrices se reflejan hoy en la toponimia de la ciudad, en barrios como Los Mártires, Uribe Uribe, Alaska o Las Viudas de la Violencia, todos ellos, fundados por desplazados de estos conflictos.
Pero en medio de las cenizas surgieron las llamadas «empresas del corazón». La más destacada es el Festival Nacional del Folclor, que muestra la creatividad y el talento musical de los tolimenses. En este evento anual, miles de participantes anónimos desfilan por las calles rescatando la cultura regional, al igual que en los demás encuentros culturales y musicales programados durante el año.
- Además: Una Semana Santa sin consumismo
Hoy, gracias a su gente, el Tolima se está convirtiendo en uno de los principales destinos turísticos del país. Sin embargo, persiste una deuda con el desarrollo regional: Según la Contraloría general, somos campeones en obras inconclusas —«elefantes blancos»— y la contratación pública deja serias dudas en su planeación y ejecución.
Los escándalos de peculado rondan las oficinas de control, mientras la clase política tradicional ha entrado en estado de «alerta naranja» al perder congresistas y ver cómo el Pacto Histórico se consolidó como la segunda fuerza en el departamento y la primera en Ibagué.
Solo queda decir que tendremos que revisar el espíritu de sus fundadores para hacer del Tolima, nuevamente, un territorio soberano y próspero, y no una microempresa electoral de corruptos. En las pasadas elecciones, el espíritu rebelde y progresista de sus habitantes se manifestó de nuevo en las urnas; por ello, podemos decir hoy que ya se vislumbra la luz al final del túnel.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771